El rescate de las víctimas de Adamuz no comenzó con sirenas ni con las carreras de los servicios de emergencia, sino con una oración improvisada en el zaguán de la casa parroquial. Cuando, poco después de las ocho y veinte de la tarde, Rafael Prados Godoy supo –por boca del repartidor que acababa de llevarle una hamburguesa para cenar– que había habido un accidente de tren cerca del pueblo, su primer gesto fue «elevar una sincera oración pidiendo a Dios que no hubiera sido grave y que todos estuvieran bien». Todavía no lo sabía, pero no lo estaban . Inquieto, Prados encendió el Canal 24 horas. A medida que las imágenes empezaban a mostrar la magnitud de la tragedia ,...
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