Plaza México, 80 años la contemplan
Tras haber recibido, el domingo 3 de febrero, la bendición del arzobispo Luis María Martínez, dos días más tarde cuatro alguacilillos abrieron el paseíllo de las cuadrillas de Luis Castro «El Soldado», [[LINK:EXTERNO|||https://www.larazon.es/cultura/toros/20220704/dibq5jmfprhedccls6efoziiza.html|||Manuel Rodríguez «Manolete»]] y Luis Procuna, los primeros tres diestros que actuaron en el nuevo coso.
Se lidió una corrida de San Mateo, ganadería propiedad de Antonio Llaguno, y el primer toro que saltó a su arena fue «Jardinero», marcado con el número 33, cárdeno oscuro, y su lidia correspondió a El Soldado, que vistió un terno marfil y plata.
La primera oreja que se concedió en esta nueva plaza la cortó Manolete, del ejemplar corrido en segundo lugar, «Fresnillo», negro, número 14. El Monstruo vistió aquel día un traje tabaco y oro. La segunda oreja, primera que paseaba un torero mejicano, fue para Procuna del tercero de la tarde «Gavioto», negro, número 55. Tampoco El Soldado pudo tocar pelo tras acabar con el segundo toro de su lote, «Gallito», negro, número 15. Manolete perdió las orejas del quinto al fallar con el estoque, pero aun así dio la vuelta al ruedo una vez las mulillas arrastraron a «Monterillo», número 13, corrido como sobrero al ser devuelto el titular, cerrando el festejo «Limonero», número 82, negro acapachado, con el que Luis Procuna fue ovacionado.
«Manolete electrizó al público volcando en sus faenas toda su categoría y su personalidad. La que hizo a Monterillo fue grandiosa llena de fuego y pasión. Luis Procuna cortó una oreja a su primer toro por una faena bella e inspirada y con su segundo hizo derroche de arrojo.
El solo hecho de ver una plaza con cupo para cincuenta mil personas, completamente llena de un público entusiasta, sincero, daba desde las tres y media de la tarde la medida exacta de lo que sería la corrida de toros… Esos enormes tendidos repletos de gente, las barreras, los primeros tendidos, los segundos tendidos, los palcos y después las localidades generales, todo, absolutamente todo ocupado, daban un aspecto maravilloso e inolvidable para cada uno de los cincuenta mil espectadores que nos volcamos ávidos de emociones en la plaza de toros más torera y más grande de los continentes», destacaba en su crónica el diario La Afición en su edición del día siguiente.
Esta plaza, ubicada en de la colonia Nochebuena, en el barrio de Insurgentes, a las afueras de la ciudad, se construyó gracias al empeño del empresario de origen libanés Neguib Simón y dentro del proyecto de lo que debería haber sido la Ciudad de los Deportes, en la que además de la plaza de toros habría estadio de futbol, canchas de tenis y polideportivas, cines, restaurantes, piscina, playa artificial con olas y pabellones para ferias y exposiciones. Sin embargo, el proyecto sólo alcanzó para construir la plaza y el estadio de futbol.
Las obras fueron dirigidas por el ingeniero Modesto C. Rolland, que levantó una colosal obra monolítica de hormigón armado con el ruedo 20 metros por debajo de las calles adyacentes. Está rodeada por esculturas del valenciano Alfredo Just, republicano convicto y confeso, que tuvo que exiliarse a México tras la guerra civil, y que colocó en lo alto de la puerta principal un encierro de 14 metros de longitud. El resto del conjunto escultórico representa a diversos toreros españoles y aztecas, en un total de 24 obras.
En la actualidad las cosas no pintan bien para la plaza más grande del mundo, y hace ya unos años, en junio de 2022, la organización Justicia Justa obtuvo una suspensión para impedir las corridas de toros en la alcaldía Benito Juárez, donde se ubica La Monumental. El argumento principal radicaba en la violación de los derechos de los animales, basándose en la Ley de Protección a los Animales del distrito federal. Sin embargo, en diciembre del mismo año, la Suprema Corte de Justicia de la Nación desestimó el amparo, permitiendo el retorno de las corridas y se pudo celebrar el festejo del aniversario del pasado año y permitir que esta gigantesca plaza acogiese el adiós definitivo a los ruedos de uno de los toreros preferidos de la misma: Enrique Ponce.
Pero la alegría duró poco, ya que el 24 de junio de 2025, y a causa de nuevos cambios en la legislación del Congreso de la Ciudad de México, se promulgaron nuevas disposiciones por las que sólo se permitiría la celebración de corridas de toros sin sangre. Con ello, resultaría inviable continuar con la realización de las corridas de toros tradicionales. Se trataba de una prohibición a la tauromaquia al eliminar elementos esenciales, pues implica un cambio estructural que altera la naturaleza de las corridas de toros.