M., empleada del hogar de 64 años,
pidió al Instituto de la Seguridad Social (INSS) que le reconocieran una incapacidad permanente, o al menos, una parcial, ya que empezó a presentar distintas dolencias. La trabajadora ya padecía fibromialgia y estaba en tratamiento, pero más adelante empezó a presentar otras patologías como
poliartropatía degenerativa generalizada, discopatía cervical y tendinopatía.Seguir leyendo...