Los recientes accidentes ferroviarios de
Adamuz (Córdoba) y
Gelida (Barcelona) han vuelto a poner de relieve la importancia de una actuación rápida y coordinada ante emergencias de gran magnitud. Situaciones marcadas por el caos, la presión del tiempo y la reacción inicial de las personas, en las que tanto el trabajo de los servicios de emergencia
como la forma en la que actúan las propias víctimas en esos primeros momentos, resultan decisivos para salvar vidas.
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