El psicólogo Remigio Loma, sobre la carga mental de las tareas domésticas: "Quien no participa debe encontrarse las consecuencias"
No se trata de "ayudar en casa", sino de repartir la gestión y la logística, desde la agenda familiar a la planificación de la compra
Entrevista - “Las mujeres están en las tareas domésticas menos agradables de hacer, los hombres no limpian el baño”
Podría ser una escena de una serie de televisión costumbrista: la mujer (habitualmente) llega a casa de trabajar y recoger a los niños del colegio, y se encuentra al marido (habitualmente) en el sillón. “¿Has hecho la compra para la cena?”, pregunta. “No, no sabía lo que había que comprar. Pero si hace falta algo dímelo y yo lo compro”.
Las tareas domésticas son una fuente habitual de conflicto en las parejas y en las familias. Una encuesta de 2021 de Taskrabbit, una app para, precisamente, planificar tareas, reveló que la mitad de las parejas discutía habitualmente por las tareas domésticas, siendo una de las principales causas de ruptura.
Aunque los hombres participan más en las tareas domésticas que hace una década, el desequilibrio es aún enorme, especialmente entre las personas de más edad. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) en España, un 77,5% de las mujeres realizan todos los días actividades de cocinar y tareas domésticas frente a un 32,9% de los hombres trabajadores.
Pero esas estas horas de dedicación no capturan la realidad completa de gestionar un hogar. Hay que, por ejemplo, trazar la ruta más eficiente para hacer los recados entre la oficina, el súper y el gimnasio. Hay que llamar o enviar mensajes a los abuelos para coordinar quién recogerá al niño si la reunión se retrasa.
Para el psicólogo Remigio Loma de Eliá Psicología, especializado en terapia de parejas: “En las parejas más jóvenes se está viendo menos, pero a partir de la mediana edad lo más común es una mujer que organiza y que sabe lo que hay que hacer en cada momento, y un hombre que está dispuesto a colaborar, pero que hace menos esa parte de gestión”.
En cualquier empresa bien gestionada, estas tareas de coordinación justifican un puesto de trabajo, generalmente de un mando intermedio. Un informe para la Comisión Europea tras la pandemia encontró que “las mujeres también asumen la mayor parte de la carga mental relacionada con la organización del cuidado (presupuestar, planificar y programar el cuidado y las tareas domésticas)”.
La carga mental en una relación
La carga mental se puede describir como el estado de alerta cognitiva permanente que requiere, en este caso, sostener un hogar y una familia. incluye llevar la agenda, anticipar las crisis y mantener en la cabeza la lista de los suministros (desde papel higiénico hasta los medicamentos) y las tareas pendientes. Esta carga se distribuye de forma desigual en contextos muy concretos, por ejemplo, la planificación anticipada (¿qué comemos esta semana para que sea barato y saludable?), el control y seguimiento (¿ha tomado el abuelo su medicación?), y en la gestión emocional y social (¿qué regalamos a tu sobrino?).
Este desequilibrio, sostenido en el tiempo, es el caldo de cultivo para el resentimiento y los conflictos en la pareja. Ya no es un conflicto por quién friega los platos, sino por quién tiene en la cabeza saber que los platos están por fregar. Identificar esta carga es el primer paso, porque para quien lo sufre se ha convertido en una constante, en parte del paisaje, mientras que quien no asume esta responsabilidad no entiende de qué se trata.
“Ahora hay mucho teletrabajo, y eso marca las tendencias de la planificación del hogar”, aclara Loma. “Si el hombre hombre teletrabaja, muchas veces, de forma natural, se acaba equilibrando. Con trabajos más tradicionales se da más el estereotipo”, añade,
Cómo repartir la carga mental
Algunas preguntas pueden ayudar a hacer la carga mental más visible en la relación: ¿Quién se da cuenta primer de que hay tareas pendientes? ¿Quién recuerda las fechas de vacunas, revisiones o cumpleaños? ¿Quién sabe dónde está cada cosa en la casa? Si las respuestas recaen en la misma persona, la carga mental está mal repartida.
Otro síntoma es la delegación de tareas con instrucciones. Es decir, cuando encargar una tarea requiere tanto detalle (separar los colores en la lavadora, usar un detergente en lugar de otro, poner la temperatura fría para las prendas delicadas, secar los jerséis sobre una toalla) que resulta más agotador que hacerla uno mismo.
Para Loma, el primer paso es establecer límites personales. “Hay quien dice ‘es que si no lo hago yo, no se hace’, pero así acostumbras a la otra persona a que no hay consecuencias, y a depender de que tú lo hagas”.
Según el psicólogo, es necesario “que la persona se encuentre con las consecuencias de no participar en la planificación. Durante un tiempo a lo mejor hay que asumir que hay algunas cosas que no van a estar a gusto de la persona que planifica, pero es el precio de cambiar”.
Pasar de una mentalidad de “ayudar en casa” a uno de responsabilidad compartida requiere poner la carga mental sobre la mesa. En un momento tranquilo, la persona sobrecargada puede explicar cómo experimenta esa carga diaria de la gestión.
“No se trata solamente de que uno haga listas, sino los dos”, explica Loma. “Tener un momento en los que las dos personas se hagan partícipes, delante de esa lista, y la construyan para entender ambos cuáles son las necesidades de las que están hablando, y qué cosas están por hacer”, recomienda.
El segundo paso es negociar y ceder el control. Dividir áreas de responsabilidad completa, no tareas sueltas. Por ejemplo, uno puede encargarse de la alimentación (incluyendo planificar menús, comprar, cocinar), y otro de la gestión del hogar (limpieza, mantenimiento, suministros). De este modo cada uno puede gestionar su área sin que el otro tenga que supervisar o recordar.
Cuando la negociación falla, puede ayudar contar con un mediador o un terapeuta. Remigio Loma cree que “siempre es mejor que lo intenten solucionar ellos, pero si las herramientas que tienen no son suficientes y el problema se mantiene, o si aparecen nuevos conflictos, puede ser útil dedicar unas pocas sesiones para desbloquearlo y aprender a comunicar ese tipo de cosas”.