Dani Pannullo: danza para vencer al horror mundial
Dani Pannullo no se entendería sin las plazas y los parques de las ciudades. Sus orígenes están en el breakdance. "Sigo teniendo esa cosa de la calle", afirma. Quizá sea por ello que no se ponga redicho cuando habla de su espectáculo: 'Constellations'. No oculta que el origen fue un encargo (casi diplomático, podríamos decir), pero todo lo que vino después ya sí se convirtió en una necesidad, "un deseo", apunta de un montaje que estará del 4 al 8 de febrero en la Sala Negra del Canal (Madrid).
De este modo, vivirá su puesta de largo en España una pieza que une la danza urbana de aquí con la tradición más antigua de Costa de Marfil, donde ya vivió su estreno absoluto en diciembre. Un trabajo antropológico a partir del baile en el que Pannullo se sumerge en una nueva investigación, como ya hiciera con los derviches turcos o el kalaripayattu indio, sobre dos mundos lejanos, aunque con mucho por dialogar. Dos estilos diferentes que unen sus caminos para "convocar pasado y presente" a través de los cuerpos y los sentidos, presenta, y "habla del poder y la alegría de la cultura en un mundo dividido".
Tradiciones intactas
Afincado en la península desde los años 80, el director y coreógrafo argentino es un ciudadano global abierto a las "infinitas formas" del baile: "Me he convertido en los últimos años en un explorador del gran baile del mundo. Tradición y contemporaneidad, danzas urbanas o experimentales de libre expresión son parte central de este espectáculo", defiende quien junta sobre el escenario parques, plazas, calles y terrazas que "a priori" están separados por miles de kilómetros. Llega así desde la costa atlántica de África, en la que Costa de Marfil no es una excepción dentro de un continente que mantiene intactas sus tradiciones ancestrales y vernáculas; "lo que resulta maravilloso", celebra esta suerte de Pasolini de la danza (quien rodó su 'Medea' en Cinecittà, Viterbo y Pisa, pero también en Capadocia, Turquía, y Aleppo, Siria).
El coreógrafo es un pionero de la danza urbana contemporánea en nuestro país y desde que fundó Dani Pannullo Dancetheatre Co. (compuesta por artistas que provienen de la performance, el b-boying, la danza contemporánea, la gimnasia, el parkour, el fútbol, el freestyle workout, el clubbing...) su deseo es el de reflejar la actualidad de la danza y la cultura callejeras en las grandes ciudades. Su trabajo abrió el camino a la incorporación de la danza urbana al panorama profesional de la danza en España y sigue siendo uno de sus máximos exponentes.
Un mundo sin belleza
Y es que lo que Pannullo, al frente de su propia compañía, quiere es trazar un puente entre Abiyán y Madrid como llamada de atención en "un mundo sin belleza", denuncia. El coreógrafo, rebosante de "curiosidad" antropofósica, reconoce tener el deseo innato de reconocerse en las vidas de otros mundos a través de la danza; y es en este punto en el que lamenta esa desaparición del humanismo en mitad de un planeta caótico, "terrible": "Intento crear un nuevo humanismo. La danza me interesa como una forma de poesía que no habita en la literatura y que se estructura en los cuerpos".
Porque la búsqueda de Pannullo no está solo en Occidente. Su "aventura" le obliga a moverse mediante "impulsos y descubrir cosas nuevas". Llega así hasta el corazón de Costa de Marfil para destilar toda la "rabia" de ciudades como Abiyán. De allí llevará al Canal el Zauli, la danza tribal de la nación: un baile representado por hombres con máscaras de mujeres y que puede verse tanto en bodas como en funerales. "Es evidente que nos separa el lenguaje y algunas tradiciones, pero por muchos kilómetros que haya la danza es un punto de unión; la musicalidad es muy importante en ambos lados".