El Mediterráneo se prepara para acoger una travesía inédita que no dependerá de la pericia de una tripulación a bordo, sino de la precisión de algoritmos, sensores y energías limpias. Tomando como referencia La Ruta de la Sal Rumbo a Ibiza, ha nacido la Micro Ruta de la Sal, un proyecto que trasciende la competición náutica para convertirse en un auténtico laboratorio de innovación tecnológica. Su objetivo es tan ambicioso como simbólico: desarrollar embarcaciones autónomas de menos de tres metros de eslora, sin tripulación a bordo, capaces de transportar un saco de sal desde Ibiza hasta la península ibérica. La iniciativa surge de la convergencia de tres grandes retos globales: la necesidad de descarbonizar el transporte marítimo —responsable del movimiento de entre el 80 % y el 90 % de las mercancías mundiales—, el avance de las tecnologías de navegación no tripulada y, de forma clave, la formación práctica de los ingenieros y técnicos que liderarán esta transición industrial. Al desafío han respondido cinco equipos que representan la vanguardia académica y técnica del país: cuatro universidades —la Facultat de Nàutica de Barcelona (UPC), la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT), la Universidad de Cádiz y la Universidad de Cantabria— y un quinto equipo formado por la unión de tres centros de Formación Profesional de Ibiza. Todos trabajan contrarreloj para poner a flote sus prototipos en los próximos meses. El corazón del proyecto reside en su complejidad técnica. No basta con diseñar un casco eficiente: es imprescindible dotarlo de inteligencia. Cada equipo funciona como una estructura multidisciplinar en la que el diseño naval tradicional debe dialogar con las telecomunicaciones, la electrónica y la programación. Los estudiantes de arquitectura naval deben explicar cómo responde la física del barco a los distintos ángulos de viento para que los ingenieros electrónicos puedan programar el trimado automático de las velas. El objetivo es evitar situaciones críticas, como quedar proa al viento o sufrir un vuelco en alta mar sin nadie a bordo para corregirlo. Para lograrlo, los veleros estarán equipados con una sofisticada red de sensores y sistemas de control. En el apartado constructivo, se exploran soluciones innovadoras: desde estructuras de aluminio combinadas con madera naval hasta propuestas experimentales como el uso de fibras naturales de yute, impulsadas por la Universidad de Cantabria, en sustitución de materiales sintéticos. El debate técnico también se traslada a la propulsión eólica. Los equipos dudan entre velas rígidas tipo wing sail o velas de tejido tradicional. Las primeras eliminan la complejidad de la cabullería y reducen el riesgo de fallos mecánicos, mientras que las segundas cuentan con una amplia base de datos histórica que facilita la programación de los algoritmos de navegación. Todo el sistema se alimentará exclusivamente de energías renovables, principalmente placas solares, con la posible incorporación de hidrogeneradores. La organización, que aún mantiene en secreto el puerto exacto de llegada, estudia además soluciones de conectividad por radio o satélite para monitorizar la travesía en tiempo real. La Micro Ruta de la Sal se posiciona así no solo como una regata de robots, sino como el primer paso hacia un futuro en el que el transporte marítimo será más limpio, más eficiente y, sobre todo, más inteligente. Con la construcción de las embarcaciones ya en marcha, el proyecto inicia un camino que podría marcar un antes y un después en la navegación autónoma y sostenible en España.