La película Aún es de noche de Caracas, producción de Édgar Ramírez, está basada en el libro La hija de la española, que cuenta la historia de Adelaida, una mujer venezolana que se expone al destierro, al exilio y a tomar decisiones drásticas para sobrevivir tras la llegada del régimen totalitario a su país.Esta propuesta, que se estrena a nivel nacional el 5 de febrero, lleva al espectador no solo a la reflexión sino a empatizar con la realidad que viven las personas inmersas en abusos y promesas no cumplidas por los regímenes políticos, lo que los lleva a dejar todo y a convertirse en inmigrantes.“Quiero lograr mover las fibras más profundas del espectador, que se emocionen y que entren a un viaje. Presentamos esta película en el Festival de Venecia, en Toronto y en Morelia, y hemos visto cómo la gente sale profundamente emocionada, conmovida y otros llorando, aunque no son venezolanos sino de otras nacionalidades”, contó Ramirez en entrevista con MILENIO.Desde el primer minuto, la trama produce diferentes sentimientos y este resultado, para Ramírez, resulta gratificante y conmovedor. “Como cineasta, lo que quieres es que las historias sean un vehículo para la generación de empatía y compasión, para que logre ser como un espejo que levantas, para que la gente se sienta identificada y pueda preguntarse qué haría en esa situación”, dijo.Adelaida (Natalia Reyes), se ve forzada y acorralada para tomar decisiones que van en contra de sus convicciones y que no haría en otro contexto; sin embargo, las asume para poder sobrevivir.“Creo que este es un tema universal, el tomar decisiones para poder sobrevivir. Tuve una anécdota con una periodista mexicana, muy informada sobre el tema de Venezuela, que me dijo que hasta que vio la película logró entender la dimensión de la situación y logró ponerle cara, nombre y hueso al titular, además de sentirse identificada con la gran cantidad de decisiones imposibles y difíciles a las que hemos estado sometidos los venezolanos por tantos años”, compartió.“Hay decisiones y opciones profundamente problemáticas que resultan preferibles al horror que hemos vivido, tanto en el drama central de la película, como en lo que hemos pasado en el país”, añadió el productor y también actor.La dirección corrió a cargo de Mariana Rondón y Maité Ugás, quienes hicieron una gran mancuerna de trabajo.“Cuando empezamos a trabajar, tomamos la decisión en conjunto que está película iba en dos líneas, una que fuera un drama universal, donde las dificultades que está viviendo el mundo actualmente fueran fácilmente legibles, dentro de la historia que estábamos contando y la otra que los venezolanos pudieran sentir el reflejo muy real de lo que vivieron, sabemos y conocemos”, explicó Rondón.Las imágenes que rodean a Adelaida son un referente real. “Cada uno de los venezolanos que hicieron esta película saben que cada una de las escenas sí ocurrieron. Tal vez, universalmente, no se sabe que ocurrieron estas situaciones o las noticias no dieron esta información, pero cada uno de nosotros los venezolanos sabemos que eso pasó y cómo ocurrió”, precisó.“El reto era poder ser fieles en términos cinematográficos con todos los espectadores del mundo, poder tener un thriller de supervivencia, que el suspenso fuera implacable, trepidante, pero que pudiéramos también estarle hablando en concreto a un primo, a un hermano o aun amigo, que sabe de cada una de esas cosas son reales y que ocurrieron”, agregó.Para Maité Ugás, directora también de este filme, hubo otro reto. “La memoria es frágil, si bien estamos en una coyuntura donde Venezuela está en primer plano, el timing ha sido perfecto para esta película, queríamos que para todos los espectadores esto fuera inverosímil, aquí no hay nada inventado. Nada es exagerado, la realidad como siempre sobrepasa a la ficción y se queda corta en arte cuando se trata de reflejar”, expresó.Para lograr el resultado visual, apuntó Ugás que trabajaron con imágenes de archivo. “No cabe duda que esos chicos estaban peleando por su vida a cada instante en esas manifestaciones que hubo en 2017. El mayor reto es que la gente en verdad se empape en esta realidad”, acotó.Moisés Angola le da vida a Santiago, un joven que de un día para otro se convierte en otra persona, ha sido torturado, preso, violado y obligado a matar gente por causas que en realidad estaba protestando.“Imagínate cómo alguien así puede estar cuerdo y que alguien que lo vea puede preguntarse si hubiera resistido o qué hubiese hecho. Afortunadamente tuve un equipo que me cuidó mucho, cada uno de ellos estuvo siempre en las escenas. La producción mexicana Redrum valoró mucho la salud mental de los involucrados y de todos los extras que fueron mayormente venezolanos en el exilio”, sostuvo.Cada detalle fue cuidado al máximo, todos tenían acceso a un acompañamiento psicológico, en el caso de que tuvieran un recuerdo o alguna situación durante las escenas de protesta. “Como bien dice Edgar esta es una película grabada en el exilio, por personas en el exilio y la producción nos cuidó para poder llamar a una línea, si había alguna necesidad, eso se valora y agradece”, afirmó.Sheila Monterola representó a La Mariscala, una mujer que cree en las promesas del gobierno, que es capaz de todo con tal de obtener beneficios, pero que a lo largo de los días descubre que la están utilizando.“Es un personaje que no te permitía medias tintas, para construirlo quería total honestidad y no había que hurgar mucho porque podía hacerlo desde el recuerdo, desde las personas que me estaban rodeando, el equipo y gente que está en el exilio y que conocí en el rodaje, todos llegaron a aportar”, relató.Para Monterola La Mariscala es como un gran muñeco de trapo que está hecho con partes, historias, emociones, recuerdos y sensaciones de todo aquel que vivió un poco el proceso con ella. “Es un personaje con el que se pueden identificar fácilmente, porque te prometen, entregas y entregas, crees y eso no existe, colapsas y quieres destruir todo a tu paso. La Mariscala es el gran monstruo humanizado como consecuencia de todo esto”, señaló.Finalmente sobre el tipo de conversación que quieren que el público tenga después de ver la película, Rondón respondió que “crean los que no creían, que entiendan este proceso tan complejo y que puedan ser empáticos con los ocho millones de venezolanos que andan por el mundo, pero también con los migrantes de todos lados, que están pasando por situaciones complejas y guerras”.“Nadie está exento de que un día el monstruo toque la puerta, lo acorrale y tenga que tomar decisiones completamente contrarias a sus valores éticos, solo para poder sobrevivir, este es un drama completamente universal, si le quitas Venezuela, esto pudo haber pasado en muchos lugares del mundo”, concluyó Ramírez.Los derechos de la novela La hija de la española de Karina Sainz, que ha sido traducida a más de 20 idiomas, los adquirieron en 2019 y la filmación se hizo en 2024.