Atentados de alto impacto
El asesinato de la tía y la prima del secretario de Educación, Mario Delgado, es una prioridad en la estrategia de seguridad, afirmó la presidenta Claudia Sheinbaum. Sin pacificar Sinaloa, la estrategia de seguridad será un fracaso, dijo el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, al arrancar el gobierno. La incidencia delictiva va bajando; hay menos homicidios dolosos, reportan cada semana. La otra cara es que el gobierno está metido en serios problemas: sus estadísticas son cuestionadas por manipulación -reclasificación de delitos y silencio sobre desaparecidos- y, aun si se otorgara el beneficio de la duda, la calidad de la violencia va creciendo, acercándose a la cima del poder.
Lo último es el asesinato de los familiares del secretario de Educación en Colima, directo en su casa en el centro de la capital, donde un grupo armado las ejecutó. Su tía y su prima eran pasteleras, alejadas de la política y sin problemas con delincuentes, salvo los de muy baja estofa, que según el hermano del secretario, Felipe Delgado, diputado federal del Verde, solo en algunas ocasiones personas de un picadero cercano se había cruzado por la azotea de su casa.
Los reportes preliminares del crimen no apuntan a un asesinato circunstancial, sino uno premeditado al entrar a su casa, en el centro de la capital, bien entrada la madrugada, y dispararles repetidamente. Los asesinos huyeron y la policía, alertada por los vecinos del tiroteo, actuaron con una rapidez que no se había visto en otros crímenes de alto impacto y que pocas horas después localizaron el vehículo en el que presuntamente se trasladaron los sicarios, enfrentándose con ellos y abatiendo a tres.
Si esto es cierto y no un montaje para desviar los móviles reales del crimen, el asesinato fue ejecutado por un comando, aunque llama la atención que hubiera sido en la madrugada y no a cualquier hora del día, como suelen hacer los sicarios de los cárteles. La diferencia de método abre la probabilidad de que este crimen no haya sido cometido directamente por una organización criminal, sino que se trate de un atentado político, con un mensaje para el secretario de Educación, que está perfilado para ser el candidato a gobernador en Colima.
Informes del gobierno federal elaborados desde el sexenio del presidente Andrés Manuel López Obrador dan sustento a la hipótesis, que mencionan que Colima era controlado -su descripción es “gobernado”-, por un priista influyente que es muy cercano a la gobernadora de Morena, Indira Vizcaíno, que tiene lazos con el Cártel Jalisco Nueva Generación, que controlan el puerto de Manzanillo, desde donde manejan el tráfico de cocaína desde Colombia - un importante número de contenedores con la droga que llegan ahí, terminan en España-, y que es la principal puerta de entrada de los precursores químicos para fabricar metanfetaminas y del fentanilo chino que termina en el mercado estadounidense.
Colima es la entidad con mayor número de homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes. El estado cerró el año pasado con una tasa de alrededor de 50 asesinatos dolosos por cada 100 mil habitantes, por encima de los estados más calientes del país, como Sinaloa, Guanajuato, Jalisco o Baja California, aunque en números absolutos ocupe el lugar 17. La violencia está directamente asociada con el control del Puerto de Manzanillo, que pelean grupos como el Cártel Independiente de Colima, una escisión del Jalisco Nueva Generación, y el Cártel de Sinaloa, que nunca ha podido apoderarse de esa puerta marítima de entrada estratégica para el narcotráfico.
La eventual llegada de Delgado a la gubernatura, en la hipótesis basada en el informe sobre las vinculaciones del Jalisco Nueva Generación con las más altas esferas de poder fáctico en el estado, es una amenaza para el control histórico que tienen sobre Manzanillo, porque el secretario de Educación ha sido vinculado en investigaciones de la DEA y la Marina mexicana como un operador electoral que benefició y se benefició políticamente del Cártel de Sinaloa.
Las investigaciones federales en México y Estados Unidos señalan que Delgado manejó exitosamente siete elecciones de gubernaturas para Morena en 2021 con dinero del Cártel de Sinaloa, a través del empresario Sergio Carmona, que operaba una red de huachicol en Tamaulipas, que fue asesinado a finales de aquel año en una peluquería en San Pedro Garza García, Nuevo León. Tras el crimen, su hermano Julio se convirtió en testigo protegido y ha seguido aportando información relacionada con la narcopolítica de Morena.
El hecho que el método de ejecución no se asemeje a la tipología de los cárteles, no elimina los cruces entre política y crimen. Todo lo contrario. Si el origen del asesinato, siguiendo con la hipótesis basada en los informes confidenciales del gobierno, viene del sector político colimense, este se encuentra vinculado con el Nueva Generación, para quienes un gobernador con ligas a Sinaloa, no es conveniente para sus fines. El asesinato, en este contexto, sería un aviso político-criminal para Delgado.
No se sabe a dónde llevarán las investigaciones, y menos aún en lo que se concluirá para consumo público. Hemos visto el encubrimiento de asesinatos de alto impacto para evitar que escalen lo que fueron en realidad, crímenes políticos; silencios para que las investigaciones se olviden, o disimulos en tragedias que llevarían a las más altas esferas del régimen, culpando a chivos expiatorios. La expectativa de justicia y esclarecimiento del crimen que reclamó el secretario de Educación, es retórico. Sabe el enjuague del régimen al que pertenece y los costos que tienen las ambiciones políticas hoy en día.