Tarda dos horas en acudir a la sala de prensa Carlos Alcaraz porque el cuerpo le pide a gritos recuperación y relajación. Han sido cinco horas y media de tortura, con vómitos, calambres y un Alexander Zverev muy exigente y después de roda en la bicicleta, se refugió con los suyos para darle cariño a ese físico exprimido. Aparece ante los medios cansado, pero contento, claro, que se ha salvado de una buena y jugará su primera final del Abierto de Australia. La clave es clara: paciencia, perseverancia y creer. Mucho. Más que el rival. Más que nadie. Incluso cuando todo dice que no. Es una fórmula que se ha visto mucho en este torneo para el tenis español: aquella edición de 2009 con Rafael Nadal en la que apenas podía moverse un partido, pero acabó llevándose el título; y más reciente, aquel 2022 en el que lo tenía todo perdido, pero se elevó sobre un marcador en contra y ante Daniil Medvedev para sumar su Grand Slam número 21, hace justo cuatro años. Alcaraz, no obstante, tiene su propio currículo de barbaridades, de gestas, de hazañas que lo han catapultado a lo más alto. Porque aprendió de otros calambres que lo doblegaron en las semifinales de Roland Garros 2023 ante Djokovic, y superó al serbio un mes después en Wimbledon. Y, sobre todo, en la mente del planeta tenis siguen esos tres puntos de partido que levantó el murciano en la final de París 2025 ante Jannik Sinner. De ahí, que la receta sea la misma: creer. Ha sido u partido increíble; en ese quinto set en el que físicamente me estaba encontrando un poquito mejor, hace Zverev un juego impresionante, y le dura tres o cuatro juegos ese nivel realmente altísimo. Pero, sinceramente, no me he visto muerto en ningún momento. Siempre he confiado en que iba a poder volver. Cosas peores he remontado«, cuenta convencido, como ha jugado esas cinco horas y media. Y prosigue con el guion que tenía: »He tenido varias opciones de 'break' en el quinto set, pero no las he aprovechado y me ha generado un poco de inquietud, pero también me hacía creer que en cualquier momento podía llegar. Cerrar un partido de esta magnitud nunca es fácil, pero sabía que iba a tener mis oportunidades; y he intentado aprovecharlas en ese juego en el que he ido a por ello a tope. Se han dado bien porque he ido a provocarlas«. El domingo será otro partido, hará lo que esté en su mano para recuperarse, pero sabe que lo ayudará que se trata de su primera final en Melbourne, en la lucha por un título que ansía más que el cansancio: «Me recuerda un poco a Rafa en 2009, que parecía que no iba a poder tras la semifinal y luego jugó una final a cinco sets. No es que vaya a hacer lo mismo, pero es una manera clara de decir que el cuerpo puede aguantar si tu mente tiene las ideas claras. Además, en una final de Grand Slam nunca podemos decir que estamos cansados: hay que dar todo lo que esté en nuestra mano, y el partido nos llevará en volandas para hacer una buena final». No quiere confesar qué se ha tomado para recuperarse, y quiere estudiar lo que ha pasado para que no le vuelva a ocurrir. Habla de deshidratación, el calor, una carrera en la que se ha hecho daño en el aductor y nervios: "Ha habido muchos nervios. Si tienes una buena mentalidad, poco a poco lo vas lidiando mejor, e incluso empiezas a dejar de pensar en ello, y empiezas a notarlo menos. El no querer perder te lleva en volandas y te lleva el cuerpo al límite para sacarlo adelante". Sabe que se levantará "tieso", pero incluso así saca cosas positivas: "Tengo que intentar jugar con menos nervios, menos tenso, más fluido y más suelto. No va a venir nadie con una varita a ayudarte, pero con esta mentalidad clara y optimismo, puede que no salgan las cosas en los primeros quince minutos, pero si sigues intentándolo al final llegan las cosas".