Crítica de "Sin piedad": IA: yo soy la justicia ★★ 1/2
Y de una distopía maravillosa, la de «Arco», a otra que no tiene nada que ver y con el detalle de que su protagonista, interpretado por el atractivo de Chris Pratt, se lleva casi la hora y media que dura la película sentado en una especie de silla eléctrica futurista. Vayamos por partes: en un mañana más cerca de que lo que nosotros quizá imaginamos, la violencia y los crímenes han llegado en Los Ángeles a unos extremos demenciales.
De ahí que, ante la creciente inseguridad social, las autoridades decidan poner en marcha el Tribunal Mercy, donde Maddox, una jueza generada por inteligencia artificial, imparte sentencias sin escuchar a nadie, ni testigos, ni abogados, ni ver físicamente una sola prueba, solo oye al acusado, que tiene 90 minutos para demostrar su inocencia, porque ella misma contiene toda la información necesaria para decidir quién es o no culpable. Un detective alcohólico que apoyó firmemente dicho proyecto marciana se ve de pronto frente a Maddox tras el asesinato de su pareja, y casi todo apunta a que él fue quien la mató aunque él no recuerda nada.
Total, que el protagonista debe, a contrarreloj, demostrar que él no fue mientras va descubriendo paulatinamente quién hay detrás de todo y el director de la película, Timur Bekmambetov («Wanted (Se busca)», «Abraham Lincoln: Cazador de vampiros», el remake de «Ben-Hur»...), quien popularizó, y vuelve a demostrarlo aquí, el «screenlife», un estilo narrativo cinematográfico donde la acción transcurre íntegramente en las pantallas de dispositivos digitales de los personajes, va deslizando mensajes del tipo, tú serás muy racional, Maddox, pero donde este el instinto humano que se quite cualquier IA... Palomitas a tutiplén y en una sala cine, tan calentitos. ¿Quién da más?
Lo mejor:
Es uno de esos filmes que entretienen aunque no sean nada del otro jueves
Lo peor:
Si el espectador no está muy atento la última media hora del filme se puede hacer cierto lío