Un caño , una reolina, un rabo de vaca, una rosca, una rabona , son sinónimos de exquisitez en el fútbol y quienes la protagonizan adquieren a los ojos de los aficionados la condición de artistas plásticos. Sus virguerías se repiten una y otra en las televisiones, se eternizan en las compilaciones de Internet, quedan tatuadas en la memoria de todos al final de los partidos. Ese balón que se convirtió en arcilla moldeable en los pies de los elegidos, le fue servido por alguien que nunca lo dio por perdido, por quien lo rescató jugándose pellejo y hueso, por el que se sacrifica en la sombra para que otros monopolicen después el foco. Por tipos como Aitor , Ruibal...
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