Llama la Sociedad de Autores a regular la IA
En el marco de la celebración de un aniversario más de la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM), su director, Roberto Cantoral, hizo un llamado urgente a regular las obras creadas con Inteligencia Artificial, a partir de la evidencia del empleo de obras preexistentes para el entrenamiento y uso en los motores de las plataformas de IA generativa.
Esta misma resistencia al uso de obras previas es el argumento más socorrido en el mundo para imputar a las plataformas de IA estarse beneficiando del trabajo de autores y titulares de derechos sin pagar por las licencias que, conforme al marco legal, deberían cubrirse por el uso de cualquier canción, texto, diseño o imagen. Juicios de todo tipo, tamaño y conformación han sido presentados en diferentes jurisdicciones solicitando el pago de daños y perjuicios y el cese de las actividades ilegales por esta misma causa.
Las decisiones, hasta ahora, son contradictorias y disímbolas, desde aquellas que radicalmente condenan ese uso hasta las que lo matizan como analizable “de caso a caso”.
En concreto, si la legislación actual en materia autoral se emplea para sancionar estos escenarios, hay que partir de la estimación de cuando existe una obra derivada respecto de una primigenia.
El tema es que, cuando se revisan obras creadas con IA, todos sabemos que son resultado de la “mezcla” de cientos o miles de obras previas de las que la herramienta se sirve para “crear” la nueva propuesta, pero en sí no es necesariamente similar a ninguna en particular. En ello estriba la dificultad de calificar a las obras resultado de IA generativa como infractoras.
La SACM, hay que recordarlo, es sin duda la más poderosa e influyente Sociedad de Gestión Colectiva que existe en el país, con actividades de representación y recaudación de miles de afiliados a lo largo de todo el territorio nacional. Sociedades de este tipo están orientadas al cobro de las regalías que corresponden a autores y compositores en los diversos establecimientos mercantiles que utilizan música como parte de su oferta ambiental a los clientes.
La SACM, a lo largo de los años, ha librado una larga batalla para convencer a quienes se benefician mercantilmente del uso de música en sus negocios de la necesidad de pagar por ella como se hace con cualquier otro insumo.
Esta vez, lo que está en juego es la prevalencia de todo un sistema que se ha conformado históricamente a partir de la creatividad de autores que aportan su talento a través de obras musicales cuya individualidad es su nota característica. Lo que está enfrente es el tsunami de la robotización que producirá obras masivamente, sin toque realmente humano, pero con costos tan reducidos que pulverizarán la cadena de valor que el derecho de autor se ha dedicado a reivindicar y defender.
Lo que pudiera pensarse que es parálisis legislativa de alto riesgo, al no contar al momento con leyes que regulen la IA, me parece que es solo el síntoma de un mundo que sigue, perplejo y anonadado, ante un fenómeno que sabemos que lo cambiará todo, pero ante el cual no sabemos, aún, cómo responder.