Los jugadores del Real Madrid han hecho suya una frase para combatir la pitada: "Si solo aplaudes en la gloria, pero te desvaneces en la derrota, nunca fuiste uno de nosotros"
El Real Madrid regresó a la competición liguera en el Santiago Bernabéu enfrentándose al Levante con la sensación de que el partido era casi un trámite comparado con todo lo vivido en los días previos. El fútbol, esta vez, llegaba después del ruido. Una semana de extrema agitación institucional y deportiva había dejado al club tocado: dos títulos perdidos, Supercopa y Copa del Rey contra el Albacete, en apenas tres días y un cambio abrupto en el banquillo, con la salida de Xabi Alonso y la llegada de Álvaro Arbeloa, habían alterado el pulso interno del equipo.
El Bernabéu, en contra
El estadio, que otras veces funciona como refugio, se convirtió en un termómetro incómodo desde el primer instante. Nada más saltar los jugadores al césped, una sonora pitada recorrió las gradas del Bernabéu. La hostilidad del público se mantuvo durante todo el encuentro, con especial incidencia sobre Vinicius, señalado de forma constante en cada intervención. Incluso tras el pitido final, cuando el marcador ya reflejaba un 2-0 favorable, los silbidos no desaparecieron.
El Real Madrid ganó el partido, pero no consiguió escapar del clima de tensión que envolvió la noche. La victoria quedó empañada por una atmósfera que atravesó al equipo de principio a fin. En el vestuario, la sensación no fue la de alivio, sino la de desconcierto. La plantilla está anímicamente afectada por la reacción de su propia hinchada, una respuesta que, aunque se intuía fría, terminó superando cualquier previsión interna.
Los jugadores ya esperaban un castigo inicial. Asumían que el público necesitaba expresar su malestar tras una semana negra. Lo que no anticipaban era un abucheo sostenido, sin matices ni tregua, que convirtió el partido en una experiencia extraña. Era como jugar como visitantes en su propio estadio, percibiendo una falta casi total de apoyo más allá de la Grada Fan, que sostuvo al equipo cuando el resto del Bernabéu permanecía en silencio o en protesta.
Un lema para animarse
La direccion comparte el análisis con los futbolistas. Hay comprensión hacia el enfado del aficionado, pero también una profunda tristeza por el ambiente vivido dentro del estadio. La sorpresa no radica en el descontento, sino en su duración y en su intensidad. Se esperaba un mensaje claro al inicio, no un castigo constante durante noventa minutos.
El vestuario ha hecho suya una frase que circula desde hace días por las redes sociales y que ha terminado convirtiéndose en una especie de consigna interna, según informa Arancha Rodríguez, de la Cope: “Si solo aplaudes en la gloria, pero te desvaneces en la derrota, nunca fuiste uno de nosotros”, es una idea que resume el malestar de un grupo que se siente cuestionado incluso cuando cumple con su parte en el marcador.
Desde el club se asume una realidad incontestable: el espectador paga su entrada y tiene derecho a expresarse. Nadie discute esa legitimidad. Lo que duele es que la protesta se convierta en un castigo sistemático que acompaña cada pase, cada error y cada decisión durante todo el partido. Para un equipo que acaba de perder dos títulos y que intenta recomponerse con un nuevo entrenador, ese entorno pesa más de lo que refleja el resultado final.
El Mónaco, siguiente examen
El 2-0 ante el Levante no ha servido, de momento, para cicatrizar las heridas de una semana que ha dejado huella. La victoria aporta puntos y algo de calma clasificatoria, pero no borra la sensación de fractura emocional entre parte de la grada y el equipo. El martes, el Real Madrid recibe al Mónaco en el Bernabéu, con el reto de competir en Europa y, al mismo tiempo, de recomponer una relación que esta semana se ha tensado como pocas veces.