Sina Toossi: «El régimen iraní no volverá a la situación de equilibrio anterior»
«El Estado iraní puede sofocar las protestas con la fuerza, pero la represión no le permitirá restaurar la estabilidad de la manera en que lo hizo en el pasado», asegura el investigador irano-estadounidense del think tank Center for International Policy y especialista en relaciones Irán-EE UU, Sina Toossi, quien atiende a LA RAZÓN desde Washington DC.
¿Estamos siendo testigos del principio del fin del régimen iraní?
Lo que estamos viendo no es su colapso inminente, sino una ruptura decisiva en la relación entre el Estado y la sociedad. Incluso si la República Islámica sobrevive a esta ola, no regresará a su previo y ya altamente volátil equilibrio con una amplia parte de la sociedad. El sistema podría perdurar, pero está entrando en una fase frágil y volátil.
¿Será, por tanto, el régimen iraní capaz de superar esta crisis y seguir adelante a pesar de la erosión de legitimidad que está sufriendo?
Probablemente el Estado puede sofocar las protestas con la fuerza, al menos a corto plazo, mientras saca a la calle su base de apoyo social. Pero la represión ya no le permitirá restaurar la estabilidad de la manera en que lo hizo en el pasado. Cada ciclo de violencia incrementa la falta de confianza, elimina barreras de miedo y aumenta el número de ciudadanos desafectos. Seguir adelante sin llevar a cabo una transformación política y económica significativa significaría gobernar solo con la coerción, algo inherentemente frágil.
¿Podría el régimen sobrevivir a una reforma profunda de sus instituciones?
En teoría, sí. En la práctica, reformas profundas requerirían redistribuir el poder desde los arraigados intereses en materia de seguridad y económicos que se benefician del statu quo. También supondría alcanzar algún tipo de compromiso con EE UU que se tradujera en un alivio de las sanciones.
Después del anuncio de las autoridades iraníes el pasado lunes de la apertura de un canal de comunicación con Washington, ¿ve menso probable una intervención estadounidense?
La intervención militar directa por parte de EE UU nunca fue inevitable, pero sigue siendo un comodín peligroso. Se corre el riesgo de desestabilizar el país más y arrastrar a EE UU a un conflicto abierto.
¿Está la Administración de Trump barajando para Irán una solución a la venezolana con la que se eliminaría al actual liderazgo manteniendo la estructura del régimen?
Una aproximación hacia Irán de esta naturaleza supondría subestimar lo profundo que la autoridad política, el poder coercitivo y la legitimidad están interconectadas en la República Islámica a través de múltiples capas de institucionalidad. Las tentativas de eliminar quirúrgicamente al liderazgo para dar una nueva forma al sistema serían mucho más difíciles en Irán.
Si la transición ha comenzado ya, ¿quién podría liderarla desde dentro?
En estos momentos no existe una única figura o facción posicionada para liderar la transición. Cualquier cambio durable habría probablemente de surgir de un nuevo balance negociado entre fuerzas sociales, sectores de la burocracia, tecnócratas, grupos sindicales y sociedad civil. Reza Pahlavi, el antiguo príncipe heredero del sha derrocado en la revolución de 1979, vincula su apuesta de volver al poder a una masiva intervención militar extranjera, algo improbable.
¿Está Israel alimentando la revuelta como afirma el régimen iraní? ¿Qué papel está jugando Tel Aviv en la actual crisis?
Las protestas responden fundamentalmente a reclamaciones domésticas. Israel trata de explotar la situación de manera retórica o incluso con algunas acciones sobre el terreno, pero no las creó. El énfasis de Teherán en la intervención extranjera responde al propósito político de justificar una respuesta aún más dura.