El pragmatismo económico de Delcy pone a prueba al chavismo más radical
A Delcy Rodríguez, la mujer que ha quedado encargada del Ejecutivo venezolano tras la captura de Nicolás Maduro por Estados Unidos, la han presentado como una moderada, una tecnócrata, una chavista “distinta” por sus estudios en Francia e Inglaterra o su excelente dominio del inglés.
Lo primero no lo es. Lo confirman la articulista norteamericana Eva Golinger, que pasó varios años en Venezuela al lado de Hugo Chávez, y el exdiplomático turco Imdat Oner, que sirvió en Caracas y recuerda una reunión con embajadores que hubo en 2015 cuando Rodríguez era canciller: “ella llegó dos horas tarde y empezó a gritarle a los diplomáticos de Estados Unidos y los europeos. Ella es una chavista radical, en términos de ideología”, comenta a LA RAZÓN.
Lo que sí es Delcy Rodríguez es pragmática, coinciden observadores y analistas. De hecho, su mayor crecimiento dentro de la estructura de poder del chavismo ha sido desde que comenzó a mover los hilos de la agenda económica.
También es una mujer ocupada. En 2018 asumió la vicepresidencia del país —que formalmente controla la policía política SEBIN—, y en 2020 la combinó con el Ministerio de Economía. En 2024 entregó ese despacho a una aliada de su cierre, la economista Anabel Pereira, que trabajó con su hermano Jorge Rodríguez cuando era alcalde y ahora también es vicepresidenta del Banco Central. Entonces se convirtió en ministra de Petróleo. Además, Delcy Rodríguez es representante de Venezuela ante la OPEP, y del Ejecutivo ante el Banco Central del país.
Su impronta ha sido más evidente en la economía, que venía de un ciclo hiperinflacionario entre 2017 y 2019. Restricciones al crédito, descriminalización del uso del dólar estadounidense y acercamiento con el sector privado —que durante dos décadas el oficialismo mantuvo a raya acusándolo de enemigo y conspirador— mostraron una cara distinta.
Rodríguez se convirtió en la única funcionaria de alto nivel que acudía a las asambleas empresariales, mientras bajo su sombra se iba creando una amplia red de iniciativas privadas. Plataformas de periodismo de investigación como Armando.info han develado nexos de la ahora presidenta encargada con “un séquito empresarial” con ramificaciones en los sectores de construcción, servicios turísticos, inmobiliarias, importadoras de alimentos o empaquetadoras.
Bajo su iniciativa, Venezuela recibió en 2018 a dos asesores económicos ecuatorianos, los exministros de Rafael Correa Patricio Rivera y Fausto Herrera. Llegaron a Caracas para ayudar a recomponer lo causado por las políticas sugeridas por el español Alfredo Serrano —”el cristo de la economía”, lo llamaba Maduro cuando trabajaban juntos—, dicen economistas consultados para este trabajo.
Rivera y Herrera se instalaron en la capital venezolana, donde aún viven. Desde Bélgica, donde está exiliado, el propio expresidente ecuatoriano ha servido también como consultor. Aunque no evitaron una dolarización de facto, han apuntado a volver a hacer la moneda nacional la principal para transacciones internas, y lo han logrado.
Otras iniciativas de Delcy Rodríguez, asesorada por los ecuatorianos, han sido incentivar alianzas estratégicas con el sector privado y crear zonas económicas especiales, donde los impuestos se relajan para las grandes inversiones. Además, empresas estatales han comenzado a vender acciones en el mercado bursátil local, sin llegar a ser una privatización completa.
Ahora, como presidenta encargada, sigue moviendo ficha. La primera, nombrar como zar de la economía venezolana, en una vicepresidencia sectorial específica que está por encima del ministerio en cuestión, a Calixto Ortega Sánchez, que presidió el Banco Central durante las reformas impulsadas por Delcy Rodríguez (2018-2025).
Ortega Sánchez fue vicepresidente de Finanzas de la petrolera venezolana Citgo en Estados Unidos, vicepresidente de Finanzas de Petróleos de Venezuela, cónsul en Nueva York y en Houston. Además, tuvo cargos en la misión venezolana ante Naciones Unidas.
Es pieza clave de Delcy Rodríguez para afrontar los retos que vienen en una economía petrolera que ahora Donald Trump, desde Estados Unidos, dice que va a controlar. Y no es poca cosa, pues la retórica antiimperialista del chavismo está en jaque.
En diciembre, el ministro de Interior Diosdado Cabello decía que si Washington atacaba a Venezuela no tendría “ni una gota de petróleo” desde el país. Dos semanas más tarde, ya la presidenta encargada ha anunciado que negocia con la Casa Blanca la venta de crudo. Y desde Estados Unidos afirman que se ha acordado que todas las exportaciones del crudo almacenado y el que se produzca en adelante vayan a ese país, para ser vendido en ese mercado y cuyos pagos serán administrados también por Washington.
“En el imaginario colectivo del chavismo hay elementos confrontacionales con EE.UU., por lo que no será fácil el trabajo narrativo y estratégico del gobierno encargado. Otro escenario es que el tutelaje se frustre y vengan nuevos episodios de confrontación y deterioro de la economía. Lo que vemos ahora es un experimento con Venezuela”, opina el politólogo Pietro Trepiccione.
Entretanto, el mercado bursátil de Caracas sube, el riesgo país se derrumba y los acreedores de Venezuela se abren a renegociar deuda. Son apenas tres de las múltiples señales de que la salida de Maduro ha destrancado más de un juego, aunque la incertidumbre sobre la estabilidad gubernamental sigue aún en veremos.