Aunque hoy, en pleno siglo XXI, sigue habiendo esclavos en ciertos lugares del mundo (y mafias que se dedican a la trata de personas a escala global), la causa de la ilegalización de esta cruel e indigna explotación del hombre por el hombre triunfó desde fines del siglo XVIII en muchos países. A Estados Unidos le costó una guerra y casi partirse en dos