Ceuta: Felicidad y emoción
En Ceuta viven las emociones. Es su lema
turístico y la sentencia no admite mucho más matiz por ser una verdad
absoluta. Como mucho añadirle que esas emociones generan felicidad.
En apenas 20 kilómetros cuadrados el viajero que se atreva a conocer
este rincón imprescindible para entender España va a encontrar emoción
y felicidad desde antes incluso de llegar. La aventura comienza
en el propio viaje. Porque Ceuta puede parecer que está lejos,
pero está en realidad muy cerca, tanto que se puede llegar en solo media
hora desde Málaga en el helicóptero que une la capital de la Costa
del Sol con la Ciudad Autónoma. ¡Helicóptero? Sí. Y ahí
empieza la emoción.
Porque... ¿Cuántas veces ha volado en helicóptero? Ceuta
tiene dos líneas regulares de helicópteros que la unen en ocho
minutos con Algeciras y en 30 minutos con Málaga. No
son charters para ultraricos, aunque tal vez sienta ese puntito de turbulencia
en el ego, que no en el aire. Hay unas seis salidas al día desde Algeciras
y unas siete desde Málaga y los precios son económicos. La Ciudad
Autónoma de Ceuta ha establecido una bonificación para no residentes
que deja el trayecto en algo menos de 35 euros desde Algeciras y
alrededor de 80 euros desde Málaga. Y todo se puede hacer
directamente en la web de la compañía Helity. La experiencia no
deja indiferente a nadie.
La otra opción para llegar a la ciudad es embarcarse en uno
de los lujosos barcos rápidos que unen la ciudad con Algeciras (más
de 20 salidas diarias). El barco tarda una hora y también
tiene bonificación de la Ciudad para los no residentes, dejando
la ida y vuelta en 32 euros, o incluso menos si se opta por adquirir un buybono
para turista. Un invento de la Cámara de Comercio para comprar en
más de 100 comercios locales. Literalmente se regala dinero. Y
por cada 300 euros para comprar, el turista paga 225 euros. La experiencia
del barco, que dura una hora de atraque a atraque, es también
emocionante por el lujo a bordo y porque con un poco de suerte el
viajero puede ser recompensado con el avistamiento de delfines en el Estrecho
de Gibraltar.
Y una vez en la ciudad, lo que toca es seguir emocionándose
y generando experiencias de felicidad. Puro disfrute. Desde
pasear por sus animadas calles, en las que se puede palpar esa mezcolanza
de culturas que hacen única a la ciudad y permite visitar iglesias,
mezquitas, pero también una sinagoga y un templo hindú, a
disfrutar de la vista permanente del mar que rodea a la ciudad por todas
partes.
La escapada es ideal para disfrutar de la ciudad en tres
o cuatro días y la multitud de actividades que se pueden desarrollar
en poco tiempo es posible gracias también a sus reducidas dimensiones
y a que todo está en realidad a mano. O más bien a un paseo de 10
minutos de distancia.
El impresionante patrimonio histórico es otro de los reclamos. Las Murallas Reales ofrecen al viajero la contemplación de un complejo fortificado, construido a mediados del siglo XVI por los portugueses. Está atravesado por el único foso navegable de agua salada del mundo. Una navegación asequible para cualquier visitante, porque hay un barco turístico que lo recorre y porque si se ama el mar, las ofertas para realizar actividades acuáticas y seguir colgándose en la memoria emocionantes experiencias son múltiples. Y una de ellas permite alquilar kayaks para atravesar este foso a remo.
Pescar, darse una vuelta en moto acuática,
hacer paddle surf o bucear son algunas otras opciones. Para el buceo,
Servicios Turísticos también ha implementado un programa que abarata
la experiencia con la empresa Burbujas. La primera inmersión es
gratis. Y ojo, porque los fondos marinos de Ceuta no tienen
parangón, son de los mejores del mundo y cientos de aficionados
llegan a la ciudad cada año para disfrutarlos.
Cruzar el Estrecho de Gibraltar en barco propio es
otra opción si se dispone de posibilidad. Y ahí, la empresa que gestiona el Puerto
Deportivo, Marina Hércules, ofrece también descuentos por cuenta de
la Ciudad, que rebajan el precio del atraque al 50 por ciento.
Ceuta ofrece también espectaculares recorridos
para los aficionados al senderismo. La ciudad está incrustada entre dos
montes, el Hacho y García Aldave. Sus recorridos están
salpicados por fuertes neomedievales que servían de torres de vigía,
conectados entre sí, por frondosa vegetación y por espectaculares
vistas al mar en todo el recorrido. Quien dice senderismo, dice bicicleta
de montaña. Este secreto ha dejado de serlo desde que cada marzo, 6.000
deportistas, muchos de ellos visitantes, se acercan a la ciudad para
participar en la Carrera Cívico Militar Cuna de la Legión.
Si se quiere optar por unos días con más relajación y
menos aventura, Ceuta suma a sus playas el impresionante
complejo del Parque Marítimo del Mediterráneo. Tres lagos de agua
salada, junto al mar, aptos para el baño, llenos de confortables
hamacas en un entorno con una cuidadísima vegetación diseñada por César
Manrique y llenos de servicios de hostelería para que al visitante no
le falte de nada.
Porque esa es otra de las cosas a no perder de vista en una visita
a la ciudad, su rica gastronomía, en la que sobresalen los productos
frescos del mar a unos precios sin comparación. Restaurantes
como el Grand Cru, El Refectorio, Goichu, Piscolabis,
Ítaca, Luz y Brasas, Alberto o el especializado en cocina
marroquí fusión como El Oasis, con uno de los mejores cuscús del
mundo.
Otra opción es acercarse a la populosa calle Jáudenes
y disfrutar de su ambiente de terraceo. Una opción muy popular
entre los ceutíes que gustan de disfrutar la calle y aprovechar
el buen clima que habitualmente disfruta la ciudad. Siempre templada.
Sin frío en invierno y sin calor asfixiante en verano gracias a
la refrigeración natural que aporta ser un jardín sobre el
Mediterráneo.
Y entre baño y baño se puede y se debe comprar.
Ceuta no tiene IVA y multitud de productos como la joyería, los perfumes,
la electrónica o el alcohol son sensiblemente más baratos que
en la península. Descuentos a los que si se suma los 75 euros
de regalo del Buybono Turístico harán que el turista se vaya con
la maleta llena y las endorfinas por las nubes. Y todo esto
pudiendo, además, presumir a la vuelta de que ha estado en África sin
salir de Europa. ¿Es o no es emocionante?