Los vecinos afectados por la DANA tuvieron un aliado a un centenar de kilómetros de distancia: la central nuclear de Cofrentes. Con una renovable absolutamente destruida, difícilmente se podría haber restablecido el suministro eléctrico en la «zona cero» sin la producción de esta planta. Porque la central es la principal fuente de energía eléctrica en la Comunidad, con una generación que el pasado año registró una producción bruta de 8.264 gigavatios hora (GWh), aproximadamente el 44% de la energía generada en la región.
Cuando quedan algo más de dos años para que comience el «apagón» nuclear en España, sucesos como el de Valencia ponen más en evidencia el hecho de que parece difícil diseñar una política energética de futuro racional al margen de la nuclear. Los objetivos de descarbonización exigen un nuevo modelo, en el que las renovables ganen protagonismo, pero sin renunciar a otras fuentes de energía limpia que garanticen el suministro, como es el caso, precisamente, de la energía producida a partir del uranio, ya que no emite ni un gramo de CO2 a la atmósfera.
Un sistema totalmente electrificado como el que se plantea exigirá, además, de grandes demandas energéticas. En este sentido, Javier Revuelta Alonso, que ha publicado recientemente en Fedea Policy Paper el informe «Pasado, presente y posibles futuros de la energía nuclear en España», pronostica que para que la descarbonización sea completa en 2050, el tamaño del sistema eléctrico debería duplicarse en los próximos 25 años, y eso suponiendo que haya recursos minerales suficientes y extraídos a la velocidad requerida para ello. A esto habría que añadir que el consumo eléctrico se puede disparar aún más si se tiene en cuenta la «explosión» de las necesidades de electricidad asociadas a la Inteligencia Artificial. Es por ese motivo, por lo que, a juicio del experto, debe considerarse a la nuclear un aliado imprescindible de la lucha contra el cambio climático.
Pese a esta realidad, el Gobierno mantiene su calendario de cierre de centrales nucleares. Actualmente, existen en España siete reactores operativos, situados en cinco centrales: Almaraz 1 y 2 (provincia de Cáceres), Trillo (Guadalajara), Cofrentes (Valencia), Vandellós 2 (Tarragona), Ascó 1 y 2 (Tarragona). Cada uno de estos reactores cuenta con una potencia de generación eléctrica en el entorno de 1.050 MW, que aportan aproximadamente el 20% de la generación eléctrica anual. Pese a las incertidumbres, el «apagón» comenzará en 2027 con la clausura de Almaraz II y se extenderá de forma escalonada hasta el 1 de mayo de 2035, cuando deje de operar Trillo. Precisamente, la central alcarreña recibió la semana pasada la orden ministerial por la que se le concede la autorización de explotación hasta el 16 de noviembre de 2034, fecha en la que la planta alcanzará los 46 años.
La vida técnica de una central nuclear es de 40 años. Sin embargo, los expertos explican que este límite no tiene motivación alguna, más allá de una estimación de mínimos que se suele tomar para la amortización contable del activo. Y como muestra de que su vida útil puede ir mucho más allá, decir que de los cien reactores operativos en EE UU, la U.S. Nuclear Regulatory Commission ha autorizado ya operar hasta los 60 años a 81, y a ocho más hasta los 80, incluidos recientemente dos que comparten diseño con los de Almaraz y Ascó. «Bajo el supuesto de que los requisitos de seguridad y las consiguientes inversiones fuesen estimadas rentables bajo la regulación vigente, España podría extender la vida útil de sus reactores probablemente hasta 2043 a 2048 y, posiblemente, incluso, hasta 2063 a 2068, con licencias prorrogables cada diez años», expone el experto.
En este contexto, el cese actualmente previsto no sólo incrementará emisiones sino, también, las importaciones de gas. Y aumentará la necesidad de abundantes metales de los que España no dispone ante el muy superior consumo metálico por megavatio hora producido por parte de las energías renovables. «Se proyecta un crecimiento del consumo eléctrico del orden del 100% en el horizonte 2050, que conlleva no sólo un importantísimo volumen de renovables adicionales a construir, sino también requiere de un elevadísimo almacenamiento para su integración. Todo ello en un horizonte en el que será preciso reponer la totalidad del parque eólico actual que se construyó en los años 2000 a 2012, con unos 25 años de vida técnica. De aquí a final de siglo, será preciso cambiar todo el parque renovable cada aproximadamente 30 años, con unas capacidades mineras que serán cuestionables habida cuenta del bajísimo nivel de reciclaje de numerosos metales y otros componentes, que se une a la explosión del transporte electrificado directamente con baterías o indirectamente con la producción de combustibles sintéticos a partir de hidrógeno verde por electrólisis del agua», expone en sus análisis.
La situación en España contrasta con la promoción de la energía nuclear por parte de muchos países e instituciones internacionales, empezando por la propia Comisión Europea, que la ha incluido en la «taxonomía verde». La energía nuclear podría ser aliada de la transición energética durante muchos siglos ante el potencial desarrollo de los denominados reactores rápidos de IV Generación que, entre otras muchas ventajas, garantizan la disponibilidad sin apenas generación de residuos.
La generación eléctrica de origen nuclear se ha mantenido relativamente estable en el mundo desde 2006, con unos 420 reactores operativos que producen 2.600 TWh/año (9% de la electricidad mundial). Algunos nuevos reactores van entrando en servicio (entre cuatro y seis al año), pero desplazando a otros que cesan en su producción por obsolescencia o por decisiones políticas. Si bien es cierto que países como Alemania han cerrado ya todos sus reactores, otros han comenzado a operar recientemente, como en Emiratos Árabes, que ha puesto en funcionamiento cuatro. Otras naciones están ampliando su base de generación a un ritmo elevado. Es el caso de China, cuyos planes pasan por superar los 56 reactores de Francia antes de final de esta década, y los cien de EE UU a principios de los años 2030. Según la World Nuclear Association, hay en construcción 69 GW de nueva capacidad nuclear, de los que casi la mitad están en China. Por detrás, se sitúan India, Turquía, Egipto y Rusia. Asimismo, existen 92 reactores, con una potencia conjunta de 90 GW, que están planificados. En Europa, 15 países tienen proyectos en fase de construcción (Francia, Eslovaquia, Reino Unido, Turquía), planificados (Hungría, Rumanía, Bulgaria, Finlandia, República Checa) o propuestos (Polonia, Lituania, Países Bajos, Eslovaquia, Eslovenia y Suecia). Por su parte, Italia planea suspender la prohibición legal de construir reactores.
Ante esta realidad, habrá que ver si el Gobierno seguirá adelante con el «apagón» o, por el contrario, incluye a la nuclear en el proceso de transición verde.