Suele ocurrir. Personas con tanto éxito profesional -deportistas, actores, artistas, científicos, intelectuales incluso, que influyen en la opinión pública- suelen desbarrar al preguntarles sobre la vida diaria, y no digo nada sobre política. Sebastian Haffner los describió en una de sus frases más crueles: «Los intelectuales en política son como los cisnes en tierra» (pese a ser uno de ellos, pero siempre mantuvo en sus análisis históricos el rigor del jurista que fue).
Ningún ejemplo mejor que el de Novak Djokovic, que tras haberlo ganado todo en las pistas de tenis, creyó que podía saltarse todas las normas, y se presentó en Australia dispuesto a ganar su Open, uno de los cuatro grandes, como había hecho en nueve ocasiones anteriores. La...
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