El Palau infunde temor a cualquiera que venga de Europa. Y, por ello, qué mejor manera de disimular el miedo que con bravuconadas. El coliseo azulgrana lleva cuatro partidos seguidos viendo cómo miembros del equipo rival proyectan
gestos provocadores a la afición. Afortunadamente, dos de ellos han sufrido las consecuencias de lo que supone encender a la apasionada y fidelísima hinchada del Barça.
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