Se fue la otra tarde Pere Aragonès al histórico Club Siglo XXI y en tono muy comedido y amable, como correspondía al escenario, repitió la tramposa matraca con que el separatismo viene encubriendo su proyecto de destrucción de la convivencia en Cataluña y en España. La de que los catalanes tienen ‘derecho a decidir’ sobre su independencia y que Madrid -sinécdoque nacionalista del poder constitucional español- tiene en algún momento, a ser posible pronto, que «atreverse a ganar» (o a perder) un referéndum a tal efecto. También deslizó con mucha cortesía una amenaza al Gobierno que su partido apoya, diciéndole que se le acaba el tiempo. Todo ello envuelto en adjetivos como «democrático», «pacífico» y demás retórica de buen sonido...
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