Ante una semana crucial para encontrar una solución diplomática a la última extorsión de Vladimir Putin, el autócrata ruso coreado por tantos simpatizantes en Occidente se ha presentado a la mesa de negociaciones con una sospechosa lista de extravagantes demandas. Por pedir que no quede. No parecen importarle a Moscú las rimas históricas, sobre todo con el vergonzoso apaciguamiento de 1938. Mutatis mutandi, Múnich por Ginebra, Checoslovaquia por Ucrania y nazis por iliberales.
Puenteando y puteando a Europa, principal afectado e ignorado en esta crisis, el Kremlin exige la creación de esferas de influencia en el Viejo Continente al estilo de lo impuesto por Stalin en la conferencia de Yalta. Con todo preparado para una ofensiva militar en Ucrania, el Kremlin...
Ver Más