El paso del tiempo no le ha dado la razón a
Pochettino. El PSG de ahora no es mejor que el de hace dos o tres meses. El empate de anoche en Lyon refuerza la tesis que el equipo juega a golpe de intuición, sin que pueda adivinarse un plan trabajado y estudiado. Las carreras en solitario de
Mbappé representan mejor que nada el carácter anárquico que hay en un vestuario que se sostiene fundamentalmente por el talento individual.
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