La Real está obligada a descansar a las dos semanas de reanudar la competición. Habrán pasado 21 días desde el regreso de las vacaciones navideñas cuando, de golpe y porrazo,
Imanol se vea condenado a desconectar del fútbol un fin de semana íntegro. En pleno enero. Es inútil explorar en la búsqueda del sentido de un itinerario ridículo. La Real se encaramaría hoy a una de esas semanas que marca una temporada, con unos octavos de final de la Copa esperando el sábado o el domingo. Como el sorteo deparó que el rival es el Atlético de Madrid, la eliminatoria se aplaza unos días por la Supercopa que la Federación Española organiza en Arabia Saudí. La Real se jugará una plaza en los cuartos de final de la Copa la víspera o el día de San Sebastián, cuando le esperaba una jornada de Liga en Mallorca, que ahora carece de fecha. Vaya chapuza de calendario, ordenado a salto de mata, mediatizado por el lucrativo capricho de orquestar una Supercopa allá donde los billetes caen en cascada. El fútbol español es un sainete digno de país subdesarrollado.
Rubiales y
Tebas, los dos que mandan, no se pueden ni ver, y los perjudicados son clubs como la Real, que estaba que trinaba con la vergonzosa improvisación que le lleva ahora a estar fuera de combate un mínimo de diez días. Y cuidado, que el colmo puede estar por llegar. Como a la Liga se le ocurra que el partido contra el Mallorca sea el último fin de semana de enero,
Ryan causaría baja porque Australia se juega la clasificación al Mundial. Un adulterio que sería inadmisible.
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