2021 no pasará a la historia como un año especialmente brillante en la historia del videojuego. La enorme escasez de consolas de nueva generación, las PlayStation 5 y Xbox Series X, sumada a los retrasos que han experimentado un buen puñado de títulos prometedores, ha provocado que la sensación que deja sea, tirando por lo alto, agridulce. El usuario se ha visto obligado a hacer acopio de paciencia e ir tachando días en el calendario con la vista clavada en el recién llegado 2022. Durante los próximos 12 meses conseguir alguna de las flamantes máquinas seguirá siendo misión prácticamente imposible. Al menos, eso es lo que dejan caer las empresas encargadas de fabricar los chips necesarios para darles vida.
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