Si ellos insisten en una dirección los demás tendremos que insistir en la contraria. Ellos son los tardoetarras, los orcos del mundo batasuno envalentonados por el blanqueo sanchista, los antiguos cómplices -en algunos casos incluso autores- de la sangre derramada. Y los demás somos la inmensa mayoría, los ciudadanos de la nación agredida, la España constitucionalista en cuyo nombre clama el sufrimiento de las víctimas. Tantas veces como el posterrorismo intente imponer su narrativa torcida será imperativo salir a desmentirla. Porque ese relato pretende triunfar por desistimiento del adversario y lo logrará si la sociedad cede a la desmemoria, a la comodidad, al desmayo, al desinterés o al hartazgo. Si olvida que el legado de la violencia representa una amenaza...
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