Edgar O. Wilson, profesor de Harvard, acaba de fallecer a una edad avanzada, con la misma discreción que dictaba su comportamiento como investigador. Casi hemos olvidado que este especialista en hormigas fundó él solo una nueva ciencia que, en sus orígenes, en 1973, fecha de publicación de su libro ‘Sociobiología’, provocó un escándalo: una revolución científica pero también política. Todo comenzó con la observación de las hormigas. Su sociedad es compleja, como la de las termitas y las abejas, porque estos «insectos sociales», afirma Wilson, están programados genéticamente desde el nacimiento, robotizados por su estructura genética. Una hormiga no piensa nada, no aprende nada, no evoluciona: es producto de la evolución darwiniana, robotizada para preservar y luego perpetuar su patrimonio...
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