Bruselas vive como si los británicos no hubieran sido nunca socios en la UE
En realidad, el Brexit ha dejado incluso de ser un tema de conversación en Bruselas. En Irlanda, el país tal vez más directamente afectado, lamentan que sus vecinos insulares sigan rumiando el asunto y que, en especial, los políticos del Partido Conservador insistan en utilizarlo para reforzar la cohesión entre sus filas cuando el primer ministro Boris Johnson tiene problemas en la política interna. Además del hecho de que el Tribunal de Justicia Europea de Luxemburgo sigue teniendo un papel en la resolución de los problemas bilaterales, lo que constituye una línea que la UE no puede traspasar, el Protocolo Irlandés es ahora mismo el aspecto más áspero de las relaciones entre Londres y Bruselas junto al de la pesca –vital para Francia– y el de Gibraltar, que afecta sobre todo a España.
Dimisión de Frost
Se considera que la dimisión de David Frost como encargado de las (malas) relaciones con la UE puede significar un cambio de tono y que de alguna manera que el cargo haya sido asumido por la responsable de la cartera de Exteriores, Liz Truss, para participar en todos los comités bilaterales que supervisan el cumplimiento del acuerdo de retirada y del comercial y de cooperación que rige las relaciones actuales entre las dos orillas del Canal. Por parte de la Comisión, el vicepresidente Maros Sefcovic, el encargado de gestionar las relaciones con el Reino Unido, ha despedido el año con una entrevista en la que advierte que las continuas amenazas británicas de invocar el artículo 16 del Protocolo para dejar de aplicar las reglas comerciales para Irlanda del Norte son «enormemente disruptivas» y de llevarse a cabo tendrían «graves consecuencias» para la economía de Irlanda del Norte, pondría en peligro la paz en la región y constituirían un «enorme revés» para las relaciones entre la UE y el Reino Unido.
La cuestión de Gibraltar lleva camino de convertirse en otro punto de fricción inevitable si los británicos insisten en mezclar el realismo pragmático con las posiciones nacionalistas. Teóricamente, la Comisión debía haber llegado ya a un acuerdo con Londres antes del fin de año, pero Truss se empeña en enarbolar la cuestión de la soberanía de la colonia, a pesar de que es algo que no está en entredicho. La propuesta que tiene sobre la mesa incluye que sean agentes de la agencia europea Frontex los que controlen la entrada de personas y mercancías en Gibraltar –tanto por aire como por mar– a cambio de que los gibraltareños disfruten de las ventajas de formar parte del espacio Schengen y que desaparezcan por tanto los controles fronterizos en la Verja. La situación actual es completamente irregular, porque permite entrar a través de Gibraltar a cualquier país europeo sin control policial. España está dispuesta a mantenerla provisionalmente, pero no de forma indefinida.