Casi la mitad de RD trabaja en la informalidad: historias detrás del 50.4 %
Este artículo fue publicado originalmente en El Día.
Santo Domingo. – En República Dominicana, casi la mitad de las personas que trabajan lo hacen en la informalidad (50.4 %), frente a un 49.6 % en el sector formal, según la Encuesta Nacional Continua de Fuerza de Trabajo (ENCFT) del Banco Central de la República Dominicana.
Detrás de estos números hay realidades cotidianas de esfuerzo, ingresos inestables y trabajos sin seguridad social, que forman parte del día a día de miles de familias.
Martín lleva más de tres décadas vendiendo frutas en la calle. Su jornada comienza en la mañana y se extiende hasta la tarde, dependiendo de cómo “se mueva el día”.
Su ingreso es variable, sin garantías ni seguridad social. “Es bajito”, dice, al resumir lo que gana. Aun así, asegura que no cambiaría su oficio: “Aquí estoy bien”.
Como él, miles de dominicanos forman parte de un sector donde predominan los hombres (69.6 %) y donde la estabilidad laboral depende, muchas veces, del clima, el flujo de clientes o simplemente la suerte del día.
Francisco, vendedor de empanadas, llegó a la informalidad tras perder su empleo durante la pandemia. Hoy, sus ingresos dependen de las ventas diarias.
“Un día bueno puede ser tres mil pesos, pero a veces no queda nada”, explica.
Su historia refleja una de las principales puertas de entrada al trabajo informal: la falta de oportunidades en el empleo formal.
Los datos respaldan esa realidad. El grupo de 25 a 39 años concentra el 43.3 % de los trabajadores informales, de acuerdo con la ENCFT del Banco Central, una etapa productiva en la que muchos no logran insertarse en el mercado laboral estructurado.
En contraste, el empleo formal muestra una mayor presencia de personas con estudios universitarios (41.3 %), mientras que en la informalidad apenas alcanza el 11.9 %, evidenciando una marcada brecha educativa.
Brittany Rojas es una excepción parcial. Vende desayunos desde las cuatro de la mañana para costear sus estudios universitarios.
“Esto me ayuda a pagar la universidad”, cuenta.
Su caso muestra cómo la informalidad también funciona como un mecanismo de movilidad, aunque con grandes sacrificios.
Sin embargo, la falta de protección social sigue siendo una constante. Ninguno de los entrevistados cuenta con seguro de salud ni cotiza para una pensión, una característica que define al sector informal.
Daniel Thomas, quien combina el trabajo en un puesto de empanadas con sus estudios, lo resume desde otra perspectiva: “Me conviene porque tengo tiempo para estudiar”.
Para muchos jóvenes, la informalidad no solo es necesidad, sino también flexibilidad.
A nivel sectorial, actividades como el servicio doméstico presentan los mayores niveles de informalidad, con un 93.4 %, mientras que el comercio también concentra una alta proporción de trabajadores fuera del sistema, según los datos del Banco Central.
En cambio, áreas como la administración pública y la industria mantienen mayores niveles de formalidad.
Más allá de los números, la informalidad en República Dominicana es un fenómeno complejo: es sustento, oportunidad y también vulnerabilidad.
Es la historia de quienes trabajan todos los días sin garantías, pero con la convicción de seguir adelante.
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