La Antártida empieza a recibir lluvia en zonas donde siempre caía nieve y eso cambia cómo se forman los glaciares
Cambio climático - Con emisiones altas la banquisa invernal podría reducirse un 20% y algunas plataformas desaparecer antes de 2100, mientras el nivel del mar seguiría aumentando durante siglos
Un mismo lugar puede parecer estable hasta que cambia el tipo de agua que cae del cielo. Cuando la precipitación deja de ser nieve y pasa a ser lluvia, el efecto no se limita a una diferencia de forma, porque altera cómo se acumula el hielo, cómo se derrite y cómo se comporta el terreno helado.
En el contexto del cambio climático, este cambio en la Antártida implica que el hielo pierde parte de su capacidad de mantenerse intacto durante largos periodos, ya que el agua líquida acelera procesos que antes eran mucho más lentos. La nieve puede permanecer días o semanas, mientras que la lluvia introduce calor y provoca transformaciones casi inmediatas.
Esa diferencia afecta tanto a la superficie como a las capas internas, y abre la puerta a procesos que terminan debilitando grandes masas de hielo. La sustitución progresiva de nieve por lluvia en regiones frías cambia el equilibrio térmico y modifica la forma en que el hielo responde al entorno, lo que obliga a observar qué está ocurriendo en lugares donde este cambio ya se está produciendo.
La Península Antártica registra un calentamiento rápido con menos hielo
La Península Antártica muestra un calentamiento rápido que altera su clima actual y define su evolución futura, según el análisis publicado en Frontiers in Environmental Science. El estudio describe un aumento de episodios de temperatura elevada, menos hielo marino y retroceso de glaciares, con efectos que dependen del nivel de emisiones globales.
También recoge que, en escenarios más cálidos, aumentan los días por encima de 0°C y crece la proporción de precipitación en forma de lluvia. Ese cambio afecta tanto al hielo como a los ecosistemas y al nivel del mar.
Una parte de ese cambio se manifiesta en episodios intensos ligados a ríos atmosféricos, que transportan aire cálido y húmedo hasta el continente. Cuando estas corrientes alcanzan la Península, descargan grandes cantidades de humedad en poco tiempo, lo que eleva la temperatura local y provoca lluvias en zonas donde antes dominaba la nieve.
En algunos casos recientes se han registrado temperaturas de hasta 2,7°C en invierno, un dato que muestra hasta qué punto el sistema ha cambiado. Este tipo de episodios puede desencadenar fusión superficial en cuestión de horas, algo que antes requería más tiempo o no llegaba a producirse.
El agua líquida acelera el deterioro y el deslizamiento glaciar
Ese cambio en la precipitación modifica la forma en que se conserva el hielo. La nieve funciona como una capa que protege y alimenta los glaciares, mientras que la lluvia introduce agua templada que acelera su deterioro. Cuando el agua líquida entra en contacto con la superficie helada, puede eliminar la nieve reciente y alterar la estructura superior.
Además, una parte de esa agua se infiltra y alcanza zonas más profundas, donde facilita el deslizamiento del hielo hacia el mar. Este proceso incrementa la pérdida de masa y acelera la formación de icebergs.
El calentamiento general de la Península Antártica refuerza estos efectos. La región ya muestra una subida notable de temperatura respecto a niveles preindustriales, y el estudio indica que el número de días por encima de 0°C podría duplicarse en escenarios de emisiones altas, pasando de unos 20 a cerca de 48 al año.
Este aumento cambia el balance entre nieve y lluvia, y amplifica los efectos del deshielo. También se observa un calentamiento del océano cercano, que contribuye a debilitar el hielo desde su base.
La fauna se desplaza y algunas crías sufren por la humedad
Los cambios no afectan solo al hielo. La fauna que depende de este entorno también responde a estas variaciones. El kril, base de muchas cadenas alimentarias, reduce su presencia en áreas donde el hielo marino retrocede, mientras que otras especies se desplazan hacia el sur en busca de condiciones más favorables.
En tierra, la lluvia puede afectar a las crías de pingüinos, ya que su plumón no resiste bien la humedad. Esto altera la supervivencia de algunas colonias y modifica la distribución de especies, con algunas más adaptables que avanzan mientras otras pierden espacio.
Las plataformas flotantes se agrietan y pueden colapsar
Las plataformas de hielo flotantes sufren un impacto adicional. El agua líquida puede acumularse en la superficie y formar charcos que absorben más radiación solar que la nieve. Este aumento de energía favorece la aparición de grietas que se extienden hacia abajo, debilitando la estructura.
Procesos de este tipo ya se han relacionado con colapsos anteriores, como los de Larsen A y Larsen B. Cuando estas plataformas se fragmentan, el hielo terrestre pierde una barrera que frenaba su avance hacia el mar, y la pérdida de masa se acelera.
Los escenarios futuros apuntan a pérdidas de hielo y subida del mar
El estudio describe distintos escenarios para el futuro. En un contexto de emisiones muy altas, la cobertura de hielo marino podría reducirse alrededor de un 20% en invierno hacia finales de siglo, mientras que plataformas como Larsen C o Wilkins podrían colapsar antes de 2100.
La contribución al nivel del mar alcanzaría unos 7,5 milímetros para ese mismo año y superaría los 116 milímetros hacia 2300. En cambio, con emisiones más bajas, el hielo se mantiene en condiciones similares a las actuales y los cambios se moderan.
El impacto también alcanza a la actividad humana en la región. Las bases científicas dependen de condiciones estables de nieve para operar, y la aparición de hielo superficial tras episodios de lluvia puede dificultar los vuelos y el trabajo en campo. Además, el deshielo del terreno y el aumento de la humedad afectan a estructuras históricas protegidas en la zona, que requieren más mantenimiento en un entorno donde cada intervención resulta compleja.
Todo el proceso parte de una diferencia aparentemente insignificante que se vuelve decisiva con el tiempo, ya que cuando la nieve deja paso a la lluvia, el hielo deja de comportarse como antes y empieza a perder estabilidad a un ritmo que ya se está midiendo en esa franja de la Antártida.