Cuando se supo que el Rey Don Juan Carlos I pasaría el Domingo de Resurrección en Sevilla, la expectación fue máxima. A diferencia de sus habituales estancias en Sanxenxo, donde suele optar por la residencia privada de amigos cercanos, en esta ocasión el emérito eligió un hotel para su regreso a la capital andaluza: el Vincci La Rábida . Este establecimiento ubicado en la calle Castelar, que fue una antigua casa-palacio del siglo XVIII, es un viejo conocido de de la ciudad para quienes buscan un alojamiento lujoso pero sin estridencias en pleno barrio del Arenal. Dormir en este hotel, sin embargo, no tiene un precio fijo. Como ocurre en casi toda Sevilla, el coste de la habitación depende, y mucho, de lo que está pasando en la calle. Según la fecha que se elija y, sobre todo, del tipo de estancia que se busque, la factura final puede variar de forma drástica, pasando de una escapada razonable a un desembolso propio de una visita real. Si uno consulta cualquier buscador de hoteles para un martes cualquiera de noviembre o febrero, es posible encontrar habitaciones en el Vincci La Rábida desde unos 174 o 200 euros . Para ser un hotel de cuatro estrellas con esta ubicación y con cierta historia, es un precio razonable. Pero claro, el contexto de la visita de Don Juan Carlos era totalmente distinto. El Rey emérito se alojó allí en pleno cierre de la Semana Santa. En Sevilla, estas fechas anulan cualquier tarifa estándar. La ciudad se llena por completo y los hoteles cuelgan el cartel de «completo» meses antes, lo que dispara los precios de forma automática. Si analizamos lo que cuesta una noche en este hotel durante los días grandes, la realidad es otra: Por tanto, aunque el hotel tenga opciones de entrada más asequibles, la realidad es que para vivir la experiencia Premium en las fechas en las que estuvo el monarca, hay que estar dispuesto a pagar hasta cuatro cifras por noche. Lo que realmente justifica el prestigio de este hotel no es solo su ubicación, sino el edificio en sí. El Vincci La Rábida no es una construcción moderna que imita el estilo antiguo; es una casa-palacio original del siglo XVIII que ha sido rehabilitada con mucho cuidado. Esto se percibe nada más cruzar el umbral de la puerta. La estructura se organiza alrededor de amplios patios interiores , al más puro estilo sevillano. Estos patios no son solo decorativos, sino que inundan de luz natural todas las plantas y ayudan a mantener una temperatura agradable, un detalle que en Sevilla, especialmente en verano, se agradece bastante. El ambiente es silencioso y tranquilo, lo que genera esa sensación de estar en un «oasis» a pesar de estar a pocos metros de la Plaza de Toros o de que varias cofradías pasen por su puerta en Semana Santa. En cuanto a los dormitorios, el hotel apuesta por la coherencia histórica. Las habitaciones mantienen un estilo clásico y señorial , con techos altos, mobiliario de madera de calidad y textiles en tonos cálidos. No es el sitio adecuado para quien busque un diseño de vanguardia o minimalista. Son estancias pensadas para el descanso, con un aire hogareño que evita la frialdad de las grandes cadenas hoteleras. Un detalle que suele sorprender gratamente a los huéspedes es el contraste de los cuartos de baño. Mientras que la habitación es más clásica, los baños han sido reformados por completo con materiales modernos y equipamiento de alta gama. Además, un punto muy a favor es que la mayoría cuentan con luz natural directa, algo poco frecuente en las rehabilitaciones de edificios históricos en el centro de las ciudades. Si hay un motivo por el cual el Vincci La Rábida aparece siempre en las listas de los mejores hoteles de Sevilla, es su azotea . La parte alta del edificio alberga una terraza que es, probablemente, una de las mejores de la ciudad. Desde allí, la Giralda parece estar tan cerca que casi se podría tocar. Esta terraza no es solo un mirador, sino que cuenta también con un restaurante de cocina elaborada donde se ofrecen platos de cocina actual y de mercado. Para los clientes que, como el Rey Don Juan Carlos, buscan disfrutar de la esencia de la ciudad sin tener que lidiar con las aglomeraciones de las calles, este espacio es un valor añadido fundamental. Además, su ubicación en la calle Castelar , en pleno barrio del Arenal, es estratégica. Estás a dos minutos a pie de la Maestranza y a cinco de la Catedral, por lo que puedes moverte andando a los sitios clave la ciudad. Aunque la estancia fue corta (llegó el domingo al mediodía y se fue el lunes por la mañana), el hotel sirvió para que el Rey pudiera ver a su familia. Allí mismo, a las puertas del palacete, se le vio reencontrarse con sus nietos, Froilán y Victoria Federica , de una forma muy natural y cariñosa, a pesar de que había cámaras por todos lados. Elegir este sitio en lugar de otros hoteles más grandes o modernos puede tener su explicación. Hay gente que prefiere no ser un número más en un hotel de quinientas habitaciones. En La Rábida se busca esa discreción y ese trato de «casa señorial» que encaja muy bien con el perfil de la Familia Real. Al final, es un hotel que entiende muy bien a ese tipo de cliente que quiere lujo, pero sin que parezca que está en un escaparate. Y es que el hotel donde se ha quedado Don Juan Carlos es un reflejo de lo que mucha gente busca en Sevilla: un sitio con historia pero donde no te falte de nada . Ya sea pagando los 200 euros de una oferta en temporada baja o los 1.000 euros que puede costar una suite en los días grandes, es de esos lugares que te aseguran que la experiencia en la ciudad va a ser otra cosa.