Animalario sanchista
Decepcionó Claudia Montes en su declaración ante el Supremo al no sacar a colación ningún animalito vinculado a José Luis Ábalos. Siendo ella una ex miss Asturias, hubiera estado genial contarnos, no sé, que José le hizo cuidar un oso pardo o un urogallo que complementase al gato de Jesica la dentista o al perro de Anais la prestidigitadora, de cuando Anais pretendió sacar a pasear al chucho, en pleno registro policial, ocultando una señora memoria externa en el pantalón. Se conoce que sus andares sincopados escamaron a los sagaces agentes.
Desde luego, la banda del Peugeot nos ha regalado grandes momentos que han martirizado al PSOE. Martirio que ahora puede agravarse durante la serie de juicios, con su rosario de testimonios descarnados, que ya ha comenzado. Decíamos en nuestra anterior entrega que Donald Trump ha sido el mejor aliado de Pedro Sánchez en el primer trimestre del año al apropiarse compulsivamente de los titulares informativos, ya fuera extrayendo a dictadores en mitad de la noche caraqueña o amenazando con destruir civilizaciones milenarias. Sin embargo, no hay distracción que mil años dure y las momias que Pedro escondió en las mecedoras del desván amenazan con enseñar de nuevo los bigotes.
Es verdad que siempre habrá medios de comunicación debidamente colonizados para abrir con la Kitchen el día que comienza ese juicio que incomoda al PP y para abrir con la misión Artemis II el día que comienza el juicio que incomoda al PSOE. Con eso hay que contar. Sin embargo, la labor de los comisarios informativos en este segundo trimestre pinta complicada. Si el viaje a la Luna no da más de sí y a Trump le da por firmar las tablas con los del turbante, la corrupción volverá a la sobremesa de los españoles, con su sustancia y su salseo. Eso es lo que teme el presidente, cuya primera reacción al alto el fuego en Oriente Medio ha sido una súplica desesperada para que no dejemos de estar indignados con Trump: bienvenido el alto el fuego, pero el «alivio momentáneo» no puede hacernos olvidar el caos, la destrucción y las vidas perdidas. Pedro implora que el alivio solo sea momentáneo, porque necesita que la indignación, la distracción, se alargue un poco más. Al menos, lo que le resta de legislatura.
Con el viacrucis judicial del sanchismo se da una paradoja muy española. Lo sustancial de los casos de corrupción debería haber sido más que suficiente para que el pecio de este Gobierno yaciera desde hace tiempo en el fondo del mar. Una presunta trama corrupta que tendría como hipotéticos vectores a los dos últimos secretarios de organización del PSOE; una presunta trama corrupta que habría llegado al Gobierno de la nación con la temprana intención de delinquir, tomando al asalto el ministerio de mayor músculo inversor, colonizando empresas públicas que, para más inri, se han visto envueltas en polémicas como el caos ferroviario y la tragedia de Adamuz. Solo eso, sin mayores adornos, sin añadir la sorpresa que produjo saber que había pasadizos conectados con otra presunta trama de colonización de la Sepi, que a su vez conectaba con las cloacas del PSOE para reventar investigaciones judiciales y sobornar a fiscales, todo eso, explicado y expuesto a un cuerpo electoral adulto, debería haber eyectado al sanchismo de Moncloa sin anestesia.
No obstante, esta legislatura nos regaló el espectáculo impúdico de una izquierda de la izquierda y una derecha nacionalista que el pasado verano decidieron hacer una distinción entre la corrupción de derechas y la de izquierdas. El 9 de julio una parte del arco parlamentario dictaminó que la corrupción en España es como el colesterol: lo hay malo o bueno, dependiendo de quién lo perpetre. El bueno lo es porque aumenta el precio del chantaje. Ese día quedamos a la espera de una sentencia firme que justifique, como la Gürtel, la caída de un gobierno. O no, porque el Frankenstein es maestro en tejer siempre la penúltima excusa. Y una parte del electorado del PSOE ha demostrado ser inmune a los escándalos, si los escándalos son de su gente.
Así las cosas, con unos socios y un suelo electoral a prueba de bombas, a Sánchez le preocupa el corrosivo salseo que pueda salpicar las sobremesas y las conversaciones de esas familias que pagan, de media, 1.700 euros más en impuestos que cuando él llegó a nuestras vidas para acabar con la corrupción… de la derecha. Españoles que escuchan hablar de sobres en metálico en la sede del PSOE o de mancebas colocadas en empresas públicas sin trabajar. Sueldos pagados por los curritos a los que nadie regaló nunca nada.
Ahora la defensa de Ábalos pretende demostrar que Jesica fue meretriz antes que novia, tratando de desacreditar su testimonio. Pero eso solo desacreditaría al que hizo que la trama le pagara todos los lujos. ¿Si una fue prostituta, al otro qué palabra le definiría? ¿Las ovejas negras tienen que pagar el precio, pero el zorro que las eligió puede permanecer en el gallinero gastando incienso y maquillando datos de empleo? Curioso animalario el que asoma las orejas esta primavera judicial.