Mientras el vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance , advertía que su país podría utilizar contra Irán «armas que todavía no ha usado», en unas declaraciones ciertamente amenazantes, el Pentágono ordenó este martes un bombardeo contra la isla de Jark al tiempo que la aviación israelí se empecinaba en destruir infraestructura civil iraní, como puentes y trazados ferroviarios. Teherán, pese al aumento de la presión militar de sus adversarios a solo unas horas del final del ultimátum dado por Donald Trump para sentarse a negociar, dio señales de todo lo contrario, e incluso de abandonar la negociación. Fuera de Oriente Próximo, diferentes gobernantes, como los del Reino Unido y Canadá, clamaron por una «desescalada» al filo de la noche...
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