Día CLXXV (175) después del punto y aparte de Morante. Volvía el genio que se había marchado sin apenas tiempo para la despedida. Volvía después de haber secado cuarenta mil retinas en Madrid, después de sembrar flores de pena en la orilla de ese adiós, transmutado en un hasta luego. «¿Quién nos devuelve esas lágrimas?», se preguntaban los aficionados en los bares. Bastó el paseíllo, envuelto en un lujoso vestido con el sello de Justo Algaba, para olvidar la retirada. Era 5 de abril. Era su resurrección en el domingo más hermoso del calendario, el domingo en el que la sangre que resbala por los brazos de Cristo desciende de la cruz y regresa al caudal de la vida. Era...
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