El envejecimiento y su umbral retador para Cuba
«El envejecimiento no debe ser visto como un problema, sino como un triunfo de la vida sobre la muerte, y una oportunidad para aprovechar la experiencia y el talento acumulado de quienes sostienen la memoria y la identidad de la nación», repite frecuentemente durante la entrevista a Juventud Rebelde, Juan Carlos Alfonso Fraga, vicejefe de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI).
Sin embargo, este proceso demográfico impacta de manera decisiva en el presente y condiciona el futuro de la nación. Más que una simple estadística, constituye un fenómeno que redefine la vida cotidiana, la economía, las políticas públicas y que coloca al adulto mayor en el centro de los desafíos nacionales.
La publicación El Envejecimiento de la Población. Cuba y sus Territorios-2024, del Centro de Estudios de Población y Desarrollo (Cepde) de la ONEI, precisa que, al cierre de 2024, la población cubana contó con 9 748 007 personas, de las cuales un 25,7 por ciento corresponde a los habitantes de 60 años y más, lo que posiciona al país como el más envejecido de América Latina y el Caribe.
El fenómeno no se manifiesta de forma uniforme en todo el territorio. Provincias como Villa Clara, La Habana y Sancti Spíritus concentran los mayores grados de este fenómeno. Mientras que otras zonas rurales, como Yateras, en Guantánamo, muestran porcentajes menores, pero igualmente significativos en el contexto regional.
Alfonso Fraga explica que esta disparidad responde a factores históricos, socioeconómicos y migratorios que han configurado la distribución demográfica del país. Desde las corrientes migratorias internas que tradicionalmente han trasladado población del oriente hacia occidente, hasta la emigración externa que ha drenado a grupos jóvenes y productivos hacia el exterior.
El experto explica estas causas en un entramado que combina, también, la baja fecundidad y el aumento de la esperanza de vida. Esta última, dada principalmente por las medidas sociales tomadas en Cuba a partir del triunfo revolucionario de 1959 que posicionaron a la Isla en el mismo podio de países desarrollados en materia de derechos.
Si bien constituye un logro indiscutible, el aumento de la esperanza de vida también es un reto para los sistemas de atención y la organización social. «Desde hace más de cuatro décadas, Cuba no alcanza el nivel de reemplazo poblacional», fijado en dos hijos como promedio por mujer, argumenta.
La fecundidad se ha mantenido persistentemente por debajo de ese umbral, lo que implica que las nuevas generaciones no se reproducen en número suficiente para sustituir a las anteriores, agrega.
Esta tendencia, dice, provoca un estrechamiento en la base de la pirámide demográfica y acelera el proceso de envejecimiento, pues cada vez nacen menos niños y aumenta el peso relativo de los adultos mayores.
«A ello se suma la salida de jóvenes en edades activas y reproductivas». Por tanto, asegura, el resultado es un país donde crece el grupo sexagenario en adelante, mientras todas las demás franjas etarias decrecen, y donde la población total comienza a contraerse en términos absolutos.
En paralelo, la relación de dependencia aumenta y con ello se profundizan los desafíos económicos y sociales. La seguridad social enfrenta tensiones porque el número de jubilados crece más rápido que la población activa capaz de sostenerlos, precisa.
Un aspecto relevante es la diferencia por sexo en la longevidad. En Cuba, expone, las mujeres viven más que los hombres, especialmente en edades avanzadas. «Estudios realizados, incluso sobre personas centenarias, muestran que ellas son mayoría», lo que plantea desafíos adicionales en la atención y el diseño de políticas públicas.
Esta realidad responde tanto a factores biológicos y médicos, como a los roles de género que históricamente relegaron a las mujeres al ámbito doméstico y de cuidados, mientras los hombres enfrentaban trabajos de mayor esfuerzo físico y peligrosidad.
Como explica el investigador, el tema del envejecimiento ocupa un lugar central en la agenda de la comisión gubernamental de Atención a la Dinámica Demográfica. Esta trabaja en siete subcomisiones, con una dedicada específicamente al análisis de medidas de apoyo y protección con una Política Nacional para la Atención a la Dinámica Demográfica y al Adulto Mayor. Con ella se articulan medidas intergeneracionales, se promueve el cuidado, el acceso a nuevos medicamentos y tecnologías, y discute temas como la jubilación, la alimentación y la protección de este grupo.
«Es imprescindible reconocer y atender a quienes sostuvieron la nación», cataloga Alfonso Fraga, quien explica que se trata, en primer lugar, de una deuda con las personas que han aportado al desarrollado del país.
«Cuba ha logrado, por ejemplo, avances en áreas como el tratamiento del Alzheimer», lo que representa una oportunidad estratégica en un mundo donde la demencia es un problema creciente.
En el horizonte
Las proyecciones demográficas son claras, hacia 2050, entre el 36 y el 37 por ciento de la población cubana tendrá 60 años o más. Esto convertirá al país, afirma, en una sociedad altamente envejecida, con retos en la reposición de la fuerza laboral y la creación de capital humano.
El desafío está en transformar esa realidad en una oportunidad para el desarrollo, garantizando derechos, cuidados y participación plena de los adultos mayores en la vida del país, argumenta.
El envejecimiento poblacional no debe asumirse como una carga, sino como un desafío que exige creatividad, solidaridad y visión de futuro, asegura. «Convertir a los adultos mayores en protagonistas de la sociedad implica reconocer su aporte histórico, garantizar sus derechos y abrir espacios para que su experiencia y talento se integren en la construcción