Crítica de "La Verdad": El efecto balsámico del engaño ★★★★☆
Obra: La verdad. Autoría: Florian Zeller. Dirección: Juan Carlos Fisher. Intérpretes: Joaquín Reyes, Alicia Rubio, Raúl Jiménez y Natalie Pinot. Teatro Infanta Isabel. Desde el 15 de enero hasta el 19 de abril de 2026.
Aunque haya firmado ya un buen puñado de obras de enorme éxito internacional, tal vez sea en el díptico formado por ‘La verdad’ y ‘La mentira' donde el dramaturgo francés Florian Zeller mejor ha sabido combinar el humor perspicaz y la agudeza crítica con ciertas dosis de transgresión intelectual.
Ahora, el prolífico director peruano Juan Carlos Fisher, que se ha convertido en un fijo de la cartelera comercial de nuestro país desde que irrumpiera en ella hace apenas un lustro con ‘Mamma Mía!’, ha subido a escena el primero de esos dos títulos en un montaje que conecta a la perfección con el gran público sin esconder más de la cuenta su serio trasfondo.
‘La verdad’ cuenta la historia de un tipo corriente llamado Miguel, al que da vida el popular humorista Joaquín Reyes, que miente más, al menos en apariencia, de lo que el resto de la gente a su alrededor le miente a él. Miguel está casado con Laura (Natalie Pinot) y mantiene una relación amorosa en secreto, desde hace tiempo, con Alicia (Alicia Rubio), que es la mujer de su mejor amigo, Pablo (Raúl Jiménez). Harta del engaño en el que vive, Alicia tomará la decisión de contarle a Pablo toda la verdad sobre su aventura amorosa. A partir de aquí los cuatro personajes irán adoptando actitudes que dejarán al descubierto su falsario mundo afectivo.
Muy bien construida en su dramaturgia, la obra está atravesada, bajo el anestésico efecto de su humor coloquial, por una fina ironía que permite analizar y cuestionar con inteligencia, e incluso con gravedad filosófica, el concepto de la verdad en las relaciones humanas. ¿Hasta qué punto -parece preguntarnos el autor la final- no somos todos autores de medias verdades que nos permiten vivir de una manera más cómoda y, quizá, más feliz?
Como era de esperar teniendo a Joaquín Reyes como cabeza de cartel -escoltado por un elenco muy solvente en el que sobresale Natalie Pinot-, la función está empujada en el plano conceptual para que el actor pueda lucirse con su proverbial vis cómica, próxima en ocasiones al surrealismo. Se gana así, y el público lo agradece, en frescura y en hilaridad, pero inevitablemente se sacrifica el recorrido netamente dramático de unos personajes que son en verdad bastante complejos -mucho más que la mayoría de los que encontramos en el teatro comercial- desde el punto de vista psicológico. Como es lógico, no se puede tener todo; en este sentido, la propuesta es la que es y cumple con su objetivo a las mil maravillas.
- Lo mejor: Es un buen montaje, con buenos profesionales, que consigue con creces lo que se propone: divertir y, de paso, hacer pensar un poquito.
- Lo peor: Los personajes podrían tener muchas más aristas de las que cabe mostrar en una propuesta comercial de estas características.