¿Los perros realmente sienten celos? Un estudio investigó esta reacción
Los perros domésticos pueden mostrar comportamientos asociados con celos cuando perciben que su dueño dirige afecto hacia otro animal. Esa es la conclusión de un estudio titulado Jealousy in Dogs, publicado en la revista científica PLOS ONE por las investigadoras Christine R. Harris y Caroline Prouvost, de la Universidad de California en San Diego.
El trabajo examina si esta emoción, que suele asociarse con procesos cognitivos complejos en humanos, puede aparecer también en otras especies sociales. Los resultados indican que los perros reaccionan con mayor frecuencia a situaciones que parecen amenazar la relación con su dueño.
Los investigadores observaron conductas como interponerse entre el dueño y el objeto, empujar o tocar al dueño y al supuesto rival, e incluso mostrar comportamientos agresivos leves, como intentos de mordida. Estas reacciones aparecieron con mayor frecuencia cuando el dueño interactuaba afectuosamente con lo que parecía ser otro perro.
El estudio parte de una definición específica de los celos: una emoción que surge cuando una relación importante se percibe amenazada por un tercero. En humanos, esa emoción suele analizarse en relaciones románticas o familiares. Sin embargo, los autores proponen que podría existir una forma más básica o “primordial” de celos que no requiere interpretaciones complejas.
Un experimento con tres situaciones
Para examinar esta hipótesis, los investigadores adaptaron un método utilizado en estudios con bebés humanos.
Participaron 36 perros domésticos junto con sus dueños. Cada perro fue evaluado de forma individual mientras su dueño interactuaba con tres objetos distintos:
- un perro de peluche que emitía sonidos y movía la cola,
- una linterna con forma de calabaza que también producía ruido,
- y un libro infantil.
En cada caso, los dueños recibieron instrucciones de mostrar conductas afectuosas hacia el objeto, como hablarle, acariciarlo o mirarlo con atención.
Las sesiones se grabaron en video. Luego, los investigadores analizaron distintos comportamientos del perro cada cinco segundos. Entre ellos se incluyeron acciones dirigidas al dueño, al objeto o intentos de colocarse entre ambos.
Reacciones más intensas ante el ‘rival’
Los resultados mostraron diferencias claras entre las condiciones.
Los perros mostraron más conductas asociadas con celos cuando el dueño interactuaba con el perro de peluche que cuando lo hacía con los objetos no sociales.
Por ejemplo, muchos perros intentaron interponerse físicamente entre su dueño y el supuesto rival. Otros empujaron al dueño o al objeto con el cuerpo o las patas.
Además, algunos perros manifestaron conductas agresivas leves dirigidas al peluche. Según los investigadores, estas acciones aparecieron con mucha menor frecuencia cuando el dueño interactuaba con el libro o con la linterna.
Otro hallazgo llamó la atención del equipo: 86% de los perros olfateó la región trasera del peluche, un comportamiento típico de interacción entre perros reales.
Una emoción social básica
De acuerdo con el estudio, el patrón de comportamientos observados coincide con la idea de una forma temprana de celos que también se ha descrito en bebés humanos desde los seis meses de edad.
Los autores sostienen que estos resultados apoyan la hipótesis de que los celos pueden tener una forma básica y evolutivamente antigua, presente en especies sociales que establecen vínculos cercanos.
El estudio señala que la emoción podría cumplir una función adaptativa: proteger relaciones importantes frente a posibles rivales.