Aprender importa porque el futuro importa
El futuro se moldea desde el presente, en las decisiones que tomamos a diario. En México, la enseñanza en educación básica y media superior incluye matemáticas, lenguaje, ciencias y otros contenidos, sin embargo, casi nunca incorpora una mirada hacia el futuro, y las políticas educativas difícilmente se diseñan con una visión de largo plazo. ¿Qué proyecto de país se refleja entonces en ellas? En una sociedad donde los cambios sociales, demográficos, económicos, ambientales y tecnológicos avanzan con rapidez, esta ausencia se vuelve crítica. La educación básica es el cimiento para que niñas, niños y adolescentes desarrollen los aprendizajes fundamentales que ampliarán sus horizontes de futuro. Cuando en Mexicanos Primero definimos el derecho a aprender a partir de las dimensiones de estar, aprender y participar en la escuela, colocamos en el centro el derecho a aprender, entendido como la garantía de que todos los estudiantes cuenten con ese cimiento.
Para quienes hoy cursan la educación básica, es indispensable que este cimiento incluya la comprensión lectora, las competencias de comunicación y el pensamiento matemático. No son solo materias escolares: son los aprendizajes fundamentales para la vida. La lectura de comprensión enriquece el aprendizaje, es la llave para entender e interpretar un mundo saturado de información; las matemáticas desarrollan la lógica necesaria para resolver problemas de diversa complejidad, mientras que la comunicación clara y precisa es indispensable tanto en la interacción humana como con las herramientas digitales disponibles, principalmente, con la inteligencia artificial. Sin estas competencias básicas, niñas, niños y jóvenes tienen oportunidades limitadas de interactuar con el mundo.
Estos aprendizajes requieren ponerse en práctica con un buen nivel de dominio en un entorno que no es lineal ni predecible. La incertidumbre crece entre los jóvenes ante un futuro que no parece ofrecerles opciones que los conduzcan a realizar sus potencialidades. Es necesario que las y los estudiantes cuenten con los conocimientos y las competencias para formular y responder sus propias preguntas con fundamentos sólidos. Al aprender a emplear de manera interconectada las competencias básicas (leer, escribir, calcular), se forja en las y los estudiantes la capacidad de entender su presente, imaginar su futuro y trabajar para conseguirlo, o, al menos, tener mayores probabilidades de responder de manera competente a las circunstancias que enfrentarán en su vida. El futuro, pues, hay que anticiparlo.
Este futuro se construye en el aula. Es ahí donde, con sus decisiones cotidianas, cada docente perfila el futuro de sus estudiantes y, en gran medida, del país. Quienes diseñan e implementan políticas educativas, por consiguiente, tienen la ineludible responsabilidad de apoyar la labor docente para que las y los estudiantes desarrollen esos aprendizajes fundamentales desde los primeros grados escolares y a lo largo de todo su trayecto educativo.
El mundo nos impone innumerables circunstancias desafiantes. De la forma como respondamos a ellas dependerá el futuro que nos demos. Hoy, en México, se toman decisiones que parecen pasar por alto la importancia de fomentar el desarrollo de los aprendizajes fundamentales. En el marco del “Encuentro Internacional sobre Alfabetización, Equidad y Futuro” que concluyó ayer en Brasil, la representante de la Secretaría de Educación (SEP) advirtió que 30 por ciento de estudiantes de quinto y sexto de primaria “no comprenden realmente lo que leen”. Este rezago se profundizará a medida que niñas y niños avancen en su trayecto educativo hacia la educación media e incluso a la de nivel superior.
Si se pierde la capacidad de leer y comprender, se pierde también la capacidad analítica. La política educativa no debe ser ajena a esta problemática. ¿Qué probabilidades tienen de realizar su potencial las y los estudiantes cuando no están aprendiendo lo básico? ¿Qué ciudadanía estamos formando? ¿Qué capacidades productivas tendrán quienes egresan de un sistema educativo que no los prepara para un mundo del trabajo que cambia tan aceleradamente? ¿Qué tan bien preparados están para interactuar con las herramientas digitales y la inteligencia artificial? En una palabra, ¿qué futuro les estamos dando a nuestras niñas, niños y jóvenes en México? A menudo los estudiantes comparten lo que se imaginan haciendo en cinco, diez o veinte años. Pero la verdad es que muchos no estarán preparados para ese futuro que imaginan. Aprender a pensar en el futuro, y decidir con visión de futuro, desde las políticas educativas, las escuelas y las aulas, es, paradójicamente, lo más importante que podemos hacer por nuestro presente.