Dentro de la M-30 las cosas se ven de otra manera. Se lo digo yo que me paso la vida entrando y saliendo como si hubiera abierto un agujero en el continuo espacio-tiempo para acomodarme en la paradoja, con los pies estirados sobre el horizonte de sucesos. Hay una manera de ver las cosas a la madrileña, una manera muy particular que no es ni mejor ni peor que la sevillana, la barcelonesa o la vallisoletana. Simplemente influye más porque marca el pulso de la prensa, de la política y de la gran empresa. Quizá por ello se tiende a identificar, de modo automático, como la mayoritaria dentro del país. La estándar. Pero no lo es. En Madrid no hay...
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