Este postre de Carnaval solo se encuentra en unos pocos pueblos de León
El secreto repostero que se guarda para el Carnaval
En una época donde los escaparates se llenan de orejas de Carnaval, filloas o flores manchegas, hay un dulce que se escapa de los circuitos habituales. Su consumo está tan limitado en el calendario como en el territorio: solo se elabora en febrero y apenas en unas pocas localidades leonesas.
Este dulce recibe el nombre de “frixuelos rellenos” o también “frixuelos de sartén” en algunas zonas. Aunque recuerda a las filloas gallegas o a los crepes franceses, su textura, aroma y relleno lo convierten en un postre completamente diferente. La masa se fríe en sartén, se rellena con crema o nata y se espolvorea con azúcar o canela.
¿Por qué solo en ciertos pueblos de León?
La razón de su exclusividad es doble. Por un lado, su elaboración es laboriosa, lo que ha limitado su difusión fuera del entorno familiar. Por otro, forma parte de una tradición oral ligada a las fiestas de Carnaval, donde cada casa tenía su receta y su técnica de cocinado. Este legado ha sobrevivido en municipios como Murias de Paredes, Riello o localidades del Alto Sil.
Un postre con historia y significado
Los frixuelos rellenos no son solo un capricho dulce. Representan el fin del invierno, el uso de ingredientes básicos antes del ayuno de Cuaresma, y la celebración de la abundancia. Durante el Domingo Gordo o los días previos al Miércoles de Ceniza, se compartían entre vecinos como símbolo de fraternidad.
¿Qué los hace únicos frente a otros dulces de Carnaval?
- Textura: más esponjosa y aireada que la de una filloa.
- Relleno: se puede rellenar de crema pastelera, nata montada, miel o incluso mermeladas caseras.
- Forma de cocción: fritura lenta en sartén tradicional, sin aceite en exceso.
- Aroma: a anís o limón, según la receta transmitida.
¿Dónde probarlos antes de que desaparezcan?
El mayor obstáculo para disfrutar de este manjar es su disponibilidad. No se encuentra en tiendas, ni se comercializa a gran escala. Solo puede probarse si se visita en persona alguna de las localidades que lo conservan, o si se tiene contacto con familias que aún lo preparan.
Algunas asociaciones culturales y casas rurales de la zona han comenzado a ofrecerlo a turistas como parte de una experiencia gastronómica completa durante el Carnaval. Sin embargo, sigue siendo un tesoro gastronómico escondido, lejos del turismo masivo y del mercado digital.
Una receta en peligro de extinción
Con el envejecimiento de la población rural y la falta de relevo generacional, muchos temen que este dulce desaparezca. Por ello, en los últimos años han surgido iniciativas para documentar la receta y formar a jóvenes reposteros en su elaboración tradicional.
Plataformas de difusión gastronómica, programas de patrimonio inmaterial y festivales de Carnaval están comenzando a poner el foco sobre estos dulces locales para que no se pierdan.
La identidad leonesa a través de sus sabores
León no solo conserva paisajes y arquitectura, también protege una herencia culinaria rica y diversa. Este postre de Carnaval es solo una muestra de cómo la tradición se expresa en forma de sabor, textura y reunión familiar.
Descubrirlo en su entorno original es una experiencia única que combina turismo rural, historia local y cocina artesanal. Aunque muchos lo consideran uno de los mejores postres de estas fechas, sigue siendo un secreto bien guardado en las cocinas del corazón de León.