Ponga a trabajar su metal, «alquilarlo» es posible
El oro ha sido valorado durante milenios por su escasez, durabilidad y estabilidad. A diferencia de otros recursos, la cantidad de oro disponible en el mundo es limitada. Esta escasez de oferta, combinada con la alta demanda industrial y financiera, hace que el oro sea un recurso altamente solicitado.
En ese contexto han surgido empresas que proponen un enfoque distinto: hacer que el oro genere rendimiento sin necesidad de venderlo. Se trata de plataformas especializadas en la intermediación de préstamos y contratos de «leasing» de oro y plata, como Monetary Metals. Su modelo se fundamenta en una idea sencilla pero poco habitual para el inversor minorista: así como el dinero puede prestarse a cambio de intereses, el oro físico también puede ser cedido temporalmente a empresas que lo necesitan para su actividad productiva, como joyeros, refinadoras o distribuidores de metales. Se trataría, pues, de una especie de alquiler.
El funcionamiento general es el siguiente: los propietarios de oro depositan su metal en custodia a través de la plataforma; ésta lo asigna a contratos específicos con empresas demandantes de oro físico. A cambio, el inversor recibe un interés que se paga en oro, no en moneda fiduciaria. Es decir, el rendimiento se mide en onzas adicionales, lo que permite aumentar la cantidad de metal poseído con el paso del tiempo.
Uno de los principales atractivos del modelo es precisamente este enfoque «en oro», que resulta especialmente interesante para quienes desconfían de las divisas tradicionales o buscan protegerse frente a la inflación y la devaluación monetaria. En lugar de asumir riesgo cambiario, el inversor mantiene su exposición íntegra al metal.
Las rentabilidades ofrecidas varían según el tipo de contrato, el plazo y el perfil del prestatario. En general, los «arrendamientos» de oro suelen ofrecer rendimientos moderados, superiores a los tipos históricos del préstamo tradicional entre bancos centrales, pero lejos de los retornos de activos de mayor riesgo como la renta variable. Estas empresas también estructuran instrumentos más complejos, como bonos respaldados por flujos de oro, aunque estos suelen estar reservados a inversores acreditados.
No obstante, el modelo no está exento de riesgos. El principal es el riesgo de contraparte; es decir, si la empresa que toma el oro no cumple sus obligaciones, podrían producirse retrasos o pérdidas. Aunque las plataformas analizan a los prestatarios y estructuran garantías, no se trata de un producto bancario garantizado ni de un depósito asegurado. Además, durante el plazo del contrato, el inversor renuncia a la disponibilidad inmediata de su oro.
Otro punto relevante es que este tipo de inversión no sustituye el papel tradicional del oro como activo refugio, sino que lo transforma parcialmente. Al poner el metal a trabajar, el inversor asume riesgos adicionales a cambio de rentabilidad, algo que no todos los perfiles están dispuestos a aceptar.
En definitiva, este modelo de negocio representa una innovación dentro del mundo de los metales preciosos, al conectar el ahorro en oro con la economía productiva real. Para inversores que ya poseen oro y buscan una forma prudente de incrementar sus tenencias a largo plazo, puede ser una alternativa bastante interesante, siempre que se comprenda bien su funcionamiento y los riesgos.