«Nos están desalojando y nos han dicho que las inundaciones van a ser peor en 2010 ». Con esta frase lapidaria, Lola López, vecina de la calle de la Barca de Alcolea, barrio de la periferia de Córdoba junto al río Guadalquivir, explica la preocupación creciente que viven ahora mismo entre los residentes en esta zona. «Somos unas 50 viviendas» y familias las que viven ahora mismo en esta calle, una de las más afectadas por las anegaciones. Ahora mismo, el nivel del agua alcanza los patios traseros de las casas, pero lo peor está por llegar. «En 2010 el agua salía por las ventanas delanteras, que están sobre un metro y medio del suelo». Los vecinos de esta calle apuntan que las anegaciones comienzan por la zona más baja de la calle. «Empieza a salir el agua por las alcantarillas», pero en el interior de las casas el peor momento se produce unas horas más tarde: «El agua empieza a salir por el váter y acaba rompiéndolo por la fuerza que trae». ABC ha podido incluso entrar en una vivienda completamente vaciada para evitar los daños. «Hemos sacado puertas, muebles y los electrodomésticos; además hemos apilado los colchones», para evitar más los desperfectos. «Ahora vamos a tapiar las ventanas de atrás», explican, para minimizar los daños. La Policía Local tiene un patrulla vigilando que nadie ajeno a los residentes acceda a la calle mientras se produce el desalojo, a la vez que informa a los vecinos y evitará que, cuando estén vacías, pueda arreciar también el pillaje. Los Bomberos caminan hacia el río para observar cómo crece su nivel. Además, la calle Ribera Baja también ha sido una de las más golpeadas por las anegaciones. Allí, los desalojos empezaron incluso en la madrugada del jueves. El agua está por sus calles. Igualmente, los arroyos cercanos al Guadalquivir en Alcolea se han desbordado. Esto ha provocado también desalojos e importantes anegaciones en la parcelación de las Cigüeñas . El agua está muy cerca ya de la N-IV. Allí hay al menos dos calles precintadas y desalojadas. Y mientras, Lola López, vecina de Alcolea, concluye que «nos han dicho que lo peor aún está por llegar».