Teoría de dominó, a la inversa
Durante el período de la Guerra Fría, los expertos en Relaciones Internacionales y académicos desarrollaron una teoría de balance y contrabalance de poder que se aplicó, de manera muy particular, en la región latinoamericana. En este caso, se trata de la teoría del dominó, la cual se basaba en la creencia de Estados Unidos de que, si un país de la región caía bajo el dominio de la Unión Soviética, los vecinos seguirían el ejemplo y todo el hemisferio se derrumbaría en favor del comunismo, como fichas de dominó. Debido a la naturaleza indirecta del conflicto de la Guerra Fría, esta teoría, en vez de desafiar directamente a la otra potencia, servía como justificante para intervenir en disputas secundarias, como Vietnam y otros conflictos armados en Latinoamérica, a fin de presionar desde diferentes puntos al enemigo.
Asfixia lenta
35 años después del fin de la Guerra Fría, parece que el mundo y, especialmente, Latinoamérica, está entrando en una suerte de dinámica caracterizada por un dominó, a la inversa.
El paulatino “enfriamiento” de las Relaciones Internacionales se enmarca en un contexto en el que los gobiernos socialistas y dictatoriales de la región se han fortalecido por sus alianzas con los enemigos tradicionales de Estados Unidos, Rusia y China. Como consecuencia, los americanos habían perdido el control sobre su principal zona de influencia. Por ello, una de las prioridades de la segunda administración de Trump era eliminar a aquellos actores que molestaran en su “patio trasero” y empujaban al resto de la región hacia el socialismo.
En este sentido, la pieza clave del juego fue Venezuela, dado que su gobierno constituía una suerte de “puerta de entrada” para los enemigos de los yankee, así como una fuente de recursos para los regímenes más debilitados en la región. A raíz de esta lógica, la captura de Nicolás Maduro y las negociaciones con la presidenta interina trascienden las fronteras del sur, dado que el efecto esperado es que, una vez “americanizado” Venezuela, el resto de los países incómodos caerán por su propio peso. Este sería el efecto esperado para el caso de Cuba, Nicaragua y, en menor medida, Colombia y Brasil.
Ahora bien, a diferencia del contexto de la Guerra Fría, en la actualidad, un factor que juega a favor de los intereses norteamericanos es que todos los países de interés están integrados en el sistema económico capitalista. Por ende, esta integración crea una plataforma común a partir de la cual la economía puede ser utilizada como un “arma blanda” a fin de ganar terreno sobre los enemigos. Por ejemplo, la llegada de los americanos a Venezuela cumple una doble función económica y en torno al recurso del petróleo. Por un lado, Estados Unidos le cierra la puerta a países como Irán y China, que gozaban de una posición privilegiada en el mercado petrolero y los obliga a someterse a las nuevas condiciones si quieren acceder al bien, por ende, los debilita lento, pero efectivamente. Por otro lado, los americanos, al cortar el suministro vital para países como Cuba y Nicaragua también es una estrategia de asfixia prolongada que, eventualmente, se esperaría que resultase en la caída de los regímenes. Por último, de manera complementaria, y para evitar cualquier fuga que pueda frustrar la estrategia, Trump amenaza con aranceles leoninos, otra “arma” económica, a cualquiera que pretenda proporcionar cuidados intensivos para aliviar la agonía de los afectados, el caso de México.
Así pues, esto demuestra cómo, con la caída, o mejor dicho, la evolución del régimen chavista, se esperaría que resurja la teoría del dominó. La diferencia es que, en este caso, la inclinación sería en favor de los ideales democrático-liberales de corte capitalista y, cercano a Trump. No obstante, como las estrategias de combate lo evidencian, en la actualidad, más que ideología, lo que importa son los intereses y los recursos estratégicos. Consecuentemente, aunque las “formas” sea cuestionables, en el “fondo” sí es válido celebrar que la remoción de un dictador podría significar la liberación de millones de personas en toda la región.