Está de moda «tener experiencias». Ya muchos no regalan objetos –un libro, un perfume, un anillo, un ramo de flores– sino experiencias: una noche en un glamping , un relajante baño de hielo, una cena en la góndola de un teleférico. Cierta gastronomía también se vende desde hace unos años como una vivencia única, original, incluso con aura espiritual. Los nombres y las descripciones de los platos y sus procesos son, en muchos restaurantes, casi obras literarias. O seudo literarias . Pero hay algo más: las «experiencias» van acompañadas de justificaciones que supuestamente las enaltecen. Leo, estupefacta, una entrevista a un joven y próspero cocinero –de los que ocupan la página entera que antes le dedicaba la prensa a algún...
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