No hay ninguna duda. La
escalada está de
moda. Ha dejado de ser un
refugio de rebeldes para convertirse en un
fenómeno de masas que desafía la
gravedad, el
cuerpo y la
mente. Lo que hace décadas se percibía como un gueto marginal hoy
brilla en los
podios olímpicos, en muros de
alto rendimiento y
centros urbanos. En
Barcelona, miles de usuarios practican este deporte en el
CEM d’Escalada que Climbat gestiona en
La Foixarda, la antigua cantera de la montaña de
Montjuïc explotada cuatro siglos atrás por la familia Foixart, de ahí el nombre.
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