Una tendencia en alza: la cocina que deja de sentirse como cocina
La cocina atraviesa una transformación profunda. El espacio dejó de responder solo a funciones prácticas y asumió un rol más amplio dentro del hogar. Hoy se diseña como un ambiente cálido, expresivo y habitable durante todo el día, con recursos propios de una sala o un estudio.
Uno de los cambios más visibles aparece en la iluminación. Las propuestas actuales priorizan escenas lumínicas. Se incorporan luces ambientales y lámparas portátiles. El objetivo es generar atmósferas y evitar la sensación tradicional de cocina técnica.
Un ejemplo claro surge en la reforma de una cocina con más de 26 años de uso intensivo. La propietaria buscó materiales con apariencia artesanal. Optó por azulejos que aportan textura visual y evitan superficies lisas. La intención se centró en sentarse y observar un entorno agradable, sin percibir que se trata de una cocina.
Los muebles acompañan este cambio de lógica. Se reemplazan módulos estándar por estanterías abiertas, vitrinas y piezas restauradas. La vajilla se exhibe como colección. Los objetos se ordenan con criterio decorativo. La cocina pierde su identidad rígida y se integra al resto de la casa.
En viviendas antiguas, esta tendencia se refuerza. Algunas personas descartan los muebles típicos y las luces LED. Prefieren lámparas antiguas y mobiliario reutilizado. La cocina se arma como un ambiente más, con elementos que podrían estar en cualquier otro espacio.
Los murales y tapices también ganan protagonismo. Los papeles vinílicos ofrecen resistencia y facilidad de limpieza. Se aplican en áreas vinculadas a la cocina o incluso en techos. En ferias de diseño, estas soluciones destacan por su impacto visual y su capacidad de dialogar con el resto del ambiente.
El color aparece en combinaciones poco convencionales. Algunas reformas integran la cocina al área social mediante la demolición de paredes. Se incorporan barras con sillas en tonos llamativos. El resultado crea un punto de encuentro con estética de bar.
Los materiales refuerzan la identidad del espacio. Pisos de terrazo, mesadas de Dekton y superficies que remiten a la piedra aportan carácter. En cocinas pequeñas, el diseño se apoya en referencias personales, como paisajes de montaña o formas geométricas. Las curvas y los círculos suavizan el ambiente.
El arte también encuentra lugar. Cuadros pequeños, ilustraciones y esculturas conviven con utensilios y frascos. La cocina se humaniza y adquiere un relato visual. En algunos proyectos, el rediseño se concentró en este espacio, incluso ampliándolo con áreas antes destinadas al servicio.
En estos casos, la iluminación y las texturas definieron la experiencia. El almacenamiento se concentró en una sola pared para liberar superficies destinadas a exhibir obras. La cocina se pensó como un espacio para cocinar y también para observar, conversar y compartir.
En la era de la imagen, este enfoque cobra más fuerza. Cocinas diseñadas como escenarios permiten grabar contenidos y potenciar la creatividad. Colores intensos, azulejos artesanales y materiales nobles refuerzan esa función visual.
Algunas decisiones responden al paso del tiempo. Mantener revestimientos originales se valora como una elección consciente. Se prioriza la durabilidad y la calidad frente a modas pasajeras. Un elemento contemporáneo puede revitalizar una superficie antigua sin reemplazarla.
La cocina ya no se limita a preparar alimentos. Se consolida como un espacio para habitar, mirar y vivir de otra manera.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.