Sin novedad en Fráncfort: el BCE mantiene los tipos de interés al 2%
Con un buen dato de inflación y un crecimiento del PIB mejor del esperado, el Banco Central Europeo se mantiene en el 'esperar y ver' pese a las tensiones geopolíticas. Solo la fortaleza del euro parece agregar algo de presión a una politica monetaria sin cambios en cinco reuniones consecutivas
La incertidumbre lleva al BCE a dejar de nuevo los tipos de interés en el 2%
Todos los datos parecen confirmar la política monetaria en la que se ha instalado el Banco Central Europeo (BCE). En la primera reunión del año, este jueves, sin sorpresas ni cambios sustanciales, el BCE ha mantenido los tipos de interés al 2%. Esta es la quinta reunión consecutiva de la institución monetaria en la que el precio del dinero se mantiene estable. La presidenta del BCE, Christine Lagarde, ha insistido en que “estamos en un buen lugar y la inflación está en una buena situación”.
El BCE establece dos caras para la actual situación. Por un lado, “el bajo desempleo, la solidez de los balances del sector privado, la implementación gradual del gasto público en defensa e infraestructuras y los efectos positivos de los recortes de tipos de interés previos están respaldando el crecimiento”. Mientras que por otro lado, “las perspectivas siguen siendo inciertas, debido especialmente a la persistente incertidumbre en la política comercial global y a las tensiones geopolíticas”.
A pesar de esta visión, la institución monetaria asegura que “las decisiones sobre los tipos de interés del Consejo de Gobierno se basarán en su evaluación de las perspectivas de inflación y de los riesgos asociados, teniendo en cuenta los datos económicos y financieros que vayan llegando”.
Hasta el momento, los datos son positivos. La inflación de la eurozona cayó al 1,7% en enero, por debajo del objetivo del 2% del BCE, ya que los menores costos de energía y un euro más fuerte mantuvieron a raya el aumento de los precios. Mientras que la inflación subyacente, que excluye los precios volátiles de los alimentos y la energía, cayó al 2,2%, llegando el nivel más bajo desde octubre de 2021, cuando comenzó el empuje inflacionario tras la pandemia. El BCE ha pronosticado que la inflación se quedará en el 1,9% este año.
La semana pasada se conocieron noticias alentadoras para la economía europea. El dato de PIB de final de año mostró que la zona euro creció más de lo previsto. En conjunto, la eurozona creció un 0,3 % en el último trimestre de 2025, cuando las expectativas es que fuera un 0,2%. Lo más relevante es que Alemania, Italia y España superaron las estimaciones, destacando España al registrar una expansión del 0,8 %. Francia, por su parte, cumplió las previsiones con un crecimiento del 0,2 %. “La economía europea está entrando en una fase de repunte cíclico”, explica Peter Vanden Haute, economista jefe de la zona euro de ING.
Con estos datos ya ni las tensiones geopolíticas parecen haber provocado cierto nerviosismo en Fráncfort, que sigue su estrategia de esperar y ver, a pesar de que el año comenzó con profundas presiones: el secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, por parte de EEUU, el conflicto abierto por Donald Trump con su obsesión por hacerse con Groenlandia, la apertura de un nuevo conflicto con Irán o las tiranteces entre la Administración Trump y la Reserva Federal de EEUU.
“Los riesgos para la inflación europea apuntan a la baja debido al fortalecimiento del euro, la relajación de las presiones salariales y los bajos precios de las materias primas energéticas. Al mismo tiempo, los indicadores de crecimiento están evolucionando favorablemente en la mayor parte de la zona euro, que se espera que crezca un 1,5 % en 2025 y un 1,2 % en 2026. Es muy probable que la mayoría ortodoxa vea esta situación como una validación de la actual estrategia monetaria”, explica Romain Aumond, analista de Natixis.
El economista jefe del BCE, Philip Lane, ya avisó que las últimas previsiones económicas llevaban a que no hubiera un “debate sobre los tipos de interés a corto plazo”. Y por lo que opinan los analistas tampoco parece que la situación económica lleve a movimientos a lo largo de 2026.
“La mayoría de los economistas creen que los tipos se mantendrán en este nivel durante todo el próximo año, una predicción audaz ante un entorno económico tan incierto. Los tipos están bajos y, a partir de aquí, el BCE tiene mucho margen de maniobra para adaptarse a las condiciones cambiantes del mercado”, comenta Michael Field, estratega jefe de mercados europeos de Morningstar.
Pendientes de la fortaleza del euro
Solo la fortaleza del euro preocupa por su impacto en la inflación. La presidenta del BCE, Christine Lagarde, ha explicado durante la rueda de prensa que en esta reunión se ha discutido sobre el euro y la tasa de cambio y que “un euro más fuerte podría reducir la inflación más allá de las expectativas actuales”.
Lagarde ha añadido que El BCE está siguiendo de cerca la evolución del tipo de cambio. Ahora bien, la presidenta de la institución monetaria ha puntualizado que la apreciación desde marzo de 2025 ya está incorporada en el escenario base del BCE y que “no parece ser muy alarmante”.
Los analistas de Ebury ya apuntaron que la semana pasada, el gobernador del Banco Central de Francia, François Villeroy de Galhau, declaró que el tipo de cambio será uno de los factores que orientarán la política monetaria del BCE. En una entrevista con Financial Times, el gobernador del Banco Central de Austria, Martin Kocher, afirmó que si el euro se sigue apreciando en algún momento podría ser necesario adoptar medidas de política monetaria.
La opinión generalizada en el consejo del BCE es que la cota de 1,2 dólares podría ser el límite de tolerancia, que hasta el momento solo se ha alcanzado el pasado 27 de enero durante el último año. Este jueves la moneda europea cotizaba a 1,18 dólares.
Sin embargo, Ulrike Kastens, analista de DWS, puntualiza que “el euro creció un 7,6% sobre una base ponderada por el comercio el año pasado. Este dato ya ha sido tenido en cuenta en las previsiones del BCE sobre el crecimiento y la inflación. En este sentido, no hay motivos para un ajuste rápido de la política monetaria a pesar de la reciente fortaleza del euro”. Seguimos en el 'esperar y ver'.