Salsero Tony Vega recuerda cuando fue empleado en compañía pulido de diamantes
Este artículo fue publicado originalmente en El Día.
Puerto Rico.- El cantante puertorriqueño Tony Vega trabajaba en una empresa de diamantes cuando el legendario Raphy Leavitt lo seleccionó para formar parte de la orquesta La Selecta. La noticia lo tomó por sorpresa, y más cuando estaba recién casado y había aceptado hacer a un lado su anhelo por una carrera profesional en la música.
Fue en la década de los setenta. Lo recuerda todo en detalle. Lo narra con el mismo orgullo que manifiesta al hablar de su sólida trayectoria de cinco décadas, con la que ha cosechado admiradores en destinos internacionales.
“Yo era oficinista en una compañía de pulido de diamantes en el sector industrial Tres Monjitas”, recordó en entrevista telefónica con Primera Hora, desde su hogar en Alabama. “Tenían una fábrica donde se pulían los diamantes en bruto y salían terminados. Yo era el que los recibía, los clasificaba, los ponía en sobres y se daban a trabajar. Ya terminado, yo era el que los recibía, los lavaba en ácido y se embarcaban a los Estados Unidos”, prosiguió el artista, quien celebrará en su tierra natal el espectáculo “49 + 1: Medio siglo de salsa romántica” el próximo 25 de abril en el Coca-Cola Music Hall.
“Trabajé por muchísimos años y tuve un jefe, Juan Contreras, que Dios lo bendiga, me daba permiso para yo ir al show del mediodía, hacer giras. Nunca me sacó del trabajo. A veces yo llegaba de un baile y en el estacionamiento me quedaba dormido par de horas, me cambiaba y me iba a trabajar, hasta que se me dio la oportunidad de grabar y ahí me lancé y dejé el trabajo”.
La nostalgia le provoca recordar cómo la oportunidad de ingresar a la orquesta La Selecta llegó sin buscarla. “Un amigo mío fue a audicionar en el ’76 con Raphy Leavitt y me pidió que lo llevara a la Federación de Músicos de Puerto Rico, que quedaba en la calle Canals”, repasó.
“Yo lo llevé y dije ‘wow, Raphy Leavitt, Sammy Marrero, verlos de cerca’. Y de buenas a primeras, Raphy se levantó y le dijo ‘¿y el cantante que tú ibas a traer para audicionar?’. Él no me había dicho nada, y yo llevaba una semana de casado. Me levanté. Ya estaba allí. Audicioné. Cuando terminó el ensayo, Raphy se acercó y me dijo ‘si te interesa el trabajo, es tuyo’. Yo le dije que sí. Mi esposa (Ángeles) me había dicho ‘yo no te quiero en la música’, y me tocó el tostón de decirle”, confesó. “Pero fíjate, lo recibió y ahí empezó todo.
Entré a las grandes ligas. Grabé con Raphy Leavitt en el disco de ‘Cosquillita’, pasé a Willie Rosario y luego Eddie Palmieri, hasta que se me presentó la oportunidad en el ’88 de lanzarme como solista, hasta el sol de hoy”.
Además de su huella en diversas orquestas, en la década de los ochenta su nombre comenzó a cobrar más peso con su carrera en solitario con icónicos temas como “Yo me quedo”, “Aparentemente”, “Uno mismo” y “Lo mío es amor”, entre otros. Su cotidianidad cambió.
“Yo me acuerdo que era de los que un domingo me levantaba y era loco con salir en mis cortos, en mi t-shirt y en mis chancletas a comprar pan calientito en la panadería Fernández en Villa Carolina, y empañetarlo con mantequilla y tomar café. Y Ángeles me decía, ‘ya tú eres figura pública, ponte un mahón, péinate’”. Las salidas al centro comercial le comenzaron a confirmar el apoyo del público.
“A mis hijos les molestaba salir conmigo. Mi hijo (pastor), a cada rato en las prédicas lo dice, ‘mami nos mandaba con papi a Plaza Carolina a comprar tenis, lo que fuera, los uniformes, y era un problema porque todo el mundo nos paraba para fotos, para autógrafos’”, expresó sobre aquellos días. “Ahí me di cuenta de que pierdes tu privacidad. Y eso que yo soy un salserito, imagínate estos artistas que son reconocidos mundialmente. Su privacidad se pierde”.
Pero fuera de molestarle, la interacción con la fanaticada la disfruta. La considera uno de los mayores premios. “A mí me encanta fotografiarme con mi público. Hay veces que esa foto tiene más valor que el concierto que acabas de hacer”, manifestó con entusiasmo. “Cuando yo estaba en Puerto Rico, antes de subirme a tarima a cantar, yo no me escondía en un cuarto. Yo me iba a los quioscos en las fiestas patronales, me metía mi cuajo y llegaba a la tarima con un ‘lip gloss’ natural del cuajo (ríe). Me encanta mi público. Hay personas que están con ‘no quiero fotos, no quiero a nadie en la tarima’. Yo lo manejo de una manera muy chévere”.
No fue su primer amor
Su nombre figura entre las figuras legendarias del género tropical en Puerto Rico. Pero la salsa no fue el ritmo con el que reconoció su amor por la música.
“Yo era un coleccionista de discos de rock”, afirmó enfático. “Chicago, Three Dog Night, Simon & Garfunkel. Había una compañía, Columbia Records, que por un dólar recibías diez discos y si le referías a alguien, te regalaban diez más”, recordó. “Hasta que me topé con un disco de Carlos Santana, la canción ‘Oye, como va’. Él tenía su rock pero con esa esencia y ese sabor latino con los instrumentos de percusión, y me enamoré. Entonces ahí compré un disco de Ismael Rivera, Rafael Cortijo, y ahí fue que se fastidiaron los sueños de mis papás de que yo fuera el primer médico o el primer abogado de la familia (ríe). Me fui por la música”.
Dentro de su anhelo, a sus 13 años pidió de regalo de cumpleaños una conga. “Me la regalaron y empecé a tocar en distintos grupos de marquesina”, aseveró como reflejo del apoyo de sus padres a sus aspiraciones artísticas.
Celebrará en su tierra
Al hablar de un nuevo encuentro con el público en suelo boricua, la alegría se asoma en su voz. Cinco décadas de esmero para dejar su huella en la historia de la música, lo llena de júbilo.
“Primero, me siento sorprendido de cómo pasa el tiempo y uno ni cuenta se da. Cómo a Dios le ha placido que yo todavía esté en esto, de la manera en que estoy disfrutándomelo, trabajando, superactivo”, expresó con ilusión. “Y son cincuenta años por partida doble porque un 14 de febrero de 1976, Día de San Valentín, yo me casé con Ángeles y todavía estamos juntos celebrando. Estoy feliz”, expuso Vega, para quien el tema del romance ha sido principal en sus temas.
Trabajar en la selección de canciones le provoca sus retos al tomar en cuenta las decenas de éxitos con su voz. “En par de horas tener un repertorio de cincuenta años no es fácil”, confesó sobre el espectáculo en el que estará acompañado de músicos puertorriqueños bajo la dirección de José Manuel Ruiz Molina (Jota Ruiz). “Lo que sí es que los voy a traer como en un viaje, desde antes hasta el sol de hoy. Va a ser algo muy bonito y musicalmente va a ser distinto a lo que se ha hecho allí”
La conexión con la fanaticada la integrará como parte de la velada. “Hago al público parte de mis shows. A mí me encanta que el público se meta en la película y siempre hay algo que sucede que desde la tarima lo comentas y se convierte en el punto del baile. La gente la pasa rico. Esa parte humana que se ha perdido porque hay quienes se trepan allá arriba y son plásticos porque ‘son artistas, ya’”, comparó. “Yo en esa parte tiro la raya y la gente lo sabe”.
Fuente: Primera Hora
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