Como soy de natural intrépido, a veces navego por las redes sociales sin miedo a la tormenta o a encallar en la estulticia (propia o ajena). Que si a barlovento por X, a estima por TikTok y a toda vela por Instagram. Claro que me aturdo. Vaya que sí. Paso de costear por lo que me gusta –recetas, pasajes de la historia y hasta reformas de baños– para, de repente, estar dando pantocazos en la mar arbolada de la política sin puerto cercano donde refugiarme. El otro día encallé en un bajío, o mejor bajura. Un saliente rocoso de lo más exaltado de la rex publica patria. Yo intentaba mantenerme a flote, pero daba igual hacia dónde gobernara el timón:...
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